Hoy es viernes, si, el día más esperado por millones de Godínez en el país. El día que representa poco más de 48 horas de libertad, pero que sobretodo representa el olvido de una vida que la mayoría, no quieren llevar.
Una fiesta, un cumpleaños, una cena, cine o solo un café suelen ser el núcleo alrededor del cual gira el fin de semana. Además de claro, dinero mal gastado, por el cual se trabaja durante el resto de la semana… pero vayamos más allá. Tener un distractor, y días de descanso, no tiene absolutamente nada de malo, el problema surge cuando se convierte a estos tres días (que prácticamente son solo dos), en el motivo más grande de toda una semana, no de trabajo, ¡de VIDA!
Y me pregunto yo, si eres feliz durante el viernes y el sábado (ah sí, porque el domingo ya vives en la cruda moral de que el siguiente día es lunes) ¿por qué no lo eres también entre semana?
Vayamos centrando la idea, ¿has escuchado eso de “trabajar para vivir, no vivir para trabajar?” Bueno, la verdad de las cosas es que la gente lo dice muy fácil, pero si hacemos las cuentas, la mayoría de los llamados “Godínez” trabaja un promedio de 9 horas diarias. Si asumimos que tienes 1 hora para comer, y que no comerás en tu casa, le dedicas a tu trabajo 10 horas al día. Y digamos que tienes la fortuna de vivir a 30 min de tu oficina; con la ida y vuelta ya llevas 11 horas de tu día dedicadas a tu trabajo. Duermes 6 y te quedan, de tus 24 horas del día, 7 de tiempo “personal”. Esto, claro, sin contar el tiempo que dedicas a arreglarte para ir a la oficina.
Pero seamos realistas, si vives a 30 minutos de tu trabajo, no trabajarías 9 horas, y si trabajas 9 horas, probablemente no vivas a 30 minutos de tu oficina. De igual forma, si trabajas 8 horas, probablemente trabajes en sábado, y así una infinidad de combinaciones que convergen en un solo punto. La mayor parte de tu tiempo, lo dedicas a tu empleo.
Hace tiempo tuve la fortuna de viajar a una playa conocida de nuestro país, y durante el vuelo conocí a una chica bastante amigable. Platicamos tan amenamente que las 2 horas de vuelo se pasaron redundantemente “volando”. Resulta ser que teníamos algunas cosas en común, entre ellas, que en algún momento los dos decidimos cambiar la carrera que estudiábamos, y que para algunas cosas teníamos la misma visión de vida. Ella me hizo aterrizar una idea en mi mente, a la que no había podido nombrar, “Busca una profesión, no una carrera”.
Ambos trabajamos en empresas y caímos en el saber que en todas existe un problema con los perfiles profesionales. En los equipos de ventas, hay gente a la que no le gustan las relaciones interpersonales, y en el equipo de contaduría, existe gente con todo el perfil de un comunicólogo, hay ingenieros que quisieran ser biólogos, y abogados que quisieran ser médicos. Pero todos están ahí por factores erróneos, y cada uno de ellos por no decidir hacer lo que aman.
Yo no voy para nada con la idea de que el trabajo perfecto tenga que ser aquel en el que trabajes 4 horas al día, descanses 3 días a la semana, y además recibas un jugoso cheque dos veces al mes; aceptemos que esto es un sueño güajiro. Aunque si lo tienes, ¡BIEN POR TI! Pero no, creo que el trabajo perfecto sería más bien aquel que más que una carrera, sea tu profesión. A veces los fotógrafos trabajan más horas a la semana que cualquier oficinista, y no lo notan porque para ellos, su trabajo no implica más que hacer algo que aman hacer y encima, recibir un pago por ello.
¿Por qué dudamos en buscar un trabajo que disfrutemos al máximo? Un trabajo al cual cada mañana queramos ir, en el cual disfrutemos pasar esas 10 horas diarias, en el cual no solo nos desarrollemos como profesionistas sino también como personas. Recapitulemos al respecto, si a ti te hace feliz hacer estados de cuenta todos los días, ¡excelente!, a otros los hace feliz hacer pruebas de calidad 15 horas diarias, a otros tratar con proveedores, a otros vender, a otros enseñar…
El punto es que no existe UN trabajo perfecto para todos. Existe un trabajo perfecto para TI, pero probablemente tienes miedo de buscarlo. ¿Las razones? muchas y muy variadas. Puedes no tenerlo porque piensas que no podrás con él, porque tienes miedo de que el pago no sea suficiente, porque tienes demasiada experiencia para el puesto, o porque resulta ser en los días que no quieres trabajar. En lo personal he rechazado muchos puestos en los que me gustaría estar por ofrecer sueldos menores a los que he recibido desde que empezó mi vida laboral. Pero te diré que por más grande que llegue el cheque, jamás veras en él las horas que has gastado en un trabajo que no amas.
¿Y qué si quieres ser guía en un museo? ¿O si tu sueño siempre fue trabajar con animales en un zoológico? ¿y que si siempre has querido tener una pequeña cafetería? ¿o si la paleontología es para ti? El mundo necesita gente que haga lo que ama hacer. Con esto estoy hablando de que si amas cocinar, no importa si cocinas en las instalaciones de un hotel de 3 diamantes, o en una fonda con una estufa modesta. Estoy hablando que si amas cocinar, ¡COCINES para vivir! las condiciones ya vendrán después. Pero no vivas más con la idea de que tienes que trabajar en un lugar solo porque te paguen muchísimo dinero. Después de todo, según se, el amor al dinero es el principio de todos los males.
Piénsalo un poco, ¿que amas hacer? ¿y qué sabes hacer? y cuando hagas las cosas que amas, con excelencia, será un circulo virtuoso que te abrirá bendiciones que no conoces aún.
Entonces dejemos de amar solo el viernes, ¡y busquemos la manera de amar cada día de la semana! Basta de zombies que trabajan como si no tuvieran un corazón que palpita con fuerza y pasión. Que trabajan sin sentido de lunes a jueves y cobran vida hasta el viernes a mediodía, esta gente tiene la misma libertad que un preso al que se le permite tomar una hora al día en los patios de la prisión. ¡Seamos felices el lunes al igual que el miércoles! Pero sobre todo, anímemonos a vivir de un trabajo que amemos.
¡Deja tu carrera y busca tu profesión!
También soy tuyo,
Alexander L

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