
Aprovechando que ya se les pasó la euforia de su querido San Valentín, y volvemos a la rutina normal y coherente de la vida. Me dedique a escribirles unas cuantas líneas en este espacio que ya tenia algo olvidado. Pero no, hoy no hablemos de romance, hoy no hablemos de relaciones… hoy hablemos de mi ex.
Para empezar vamos a suponer que todos tenemos un “ex”.
Etimológicamente hablando, el prefijo “ex” habla de una posición o cargo que en el pasado se tuvo y que actualmente ya no se tiene más. O en todo caso, también habla de una situación que ya quedo en el pasado. Ahora bien, a sabiendas de esto, ¿te atreverías a decir que tu “ex”, sí es tu “ex”?
Verán, hace poco encontré la fotografía de alguien con quien tuve un, llamémosle pequeño romance, hace algunos ayeres… En la foto me di cuenta que hace unos meses cumplió 37 años. ¡Que fuerte! cuando nos conocimos cumplía apenas 30. Y al ver la foto me di cuenta que no ha pasado un año en que no piense en “nosotros”. A veces, aun después de 7 años sigo pensando en “como hubiera sido”, en las cosas que cambiaría, en lo que haría diferente, en qué hubiera pasado si… en qué sería de mí.
Entonces reaccioné… Descubrí que en realidad mi ex, no es precisamente mi ex. Al parecer después de todo este tiempo, y sin que ésta persona lo sepa, sigue siendo mi presente, sigue ostentando un cargo que le debí quitar hace mucho tiempo. Que si piense en mi, o no; eso no lo se, yo solo puedo hablar por mí. Es increíble que una historia que duró apenas unos cuantos meses, haya marcado mi camino por tanto tiempo y que al parecer hasta el día de hoy lo siga haciendo.
Y bueno, como ya saben que a mi todo me da mil vueltas en la cabeza. Todo este pensar me hizo recordar muchas cosas. Una de tantas son las marcas que una persona puede dejarnos… aunque no las llamemos marcas; llamémosles rastros… ¿o restos?
¿Cuantas veces terminamos un noviazgo, o una relación pues; y al parecer solo terminamos con cierta parte de ella? Algunas veces aún sin quererlo, nos aferramos tanto a éstas relaciones, a éstas personas; que los volvemos parte de nuestro diario vivir. Los llevamos en nuestra cartera, en nuestro celular, en nuestra agenda telefónica… Pareciera que es el único e-mail, el único apellido, el único teléfono que jamás olvidaremos.
Incluso algunas veces después de años, como bien mencioné al principio, seguimos recordando algunas conversaciones tan vividamente como si las hubiéramos tenido apenas ayer. Las repasamos de “pe” a “pa” en nuestra mente. Seguimos imaginando un futuro inexistente y que más bien es ya un pasado que dejó de existir hace mucho tiempo; es el hubiera más anhelado. Se nos olvida que el hubiera NO existe.
No mezclemos situaciones claro, ¡hablo de relaciones que tenían que terminar! No estoy hablando de un matrimonio que simplemente atraviesa por problemas, o de una separación donde el amor es evidente, y donde más bien el problema es el orgullo. Ese es un tema muy distinto. Hablo de relaciones que no podían continuar, relaciones dañinas, destructivas tal vez. Relaciones en las que por una parte, por la otra, o por ambas se decide terminar de tajo.
¿Qué sigue cuando una separación así sucede? ¡Es obvio! no hay más a donde caminar, sería el momento donde te detienes, lloras, te limpias los ojos, aclaras la vista y cambias el rumbo… ¿Pero cuántas veces nos quedamos viendo en la misma dirección, sin poder avanzar a otro lado? ¿Cuántas veces acampamos día y noche vigilando el recuerdo? Vigilando las memorias de sus besos, de la primer sonrisa que llevo su nombre, de la primer sonrisa que llevo el tuyo.
Alguna vez platiqué con un psicólogo algo al respecto. Me comentó que era muy común el que las personas guarden por ejemplo, cualquier objeto físico que ligue a su presente el recuerdo de una pareja que tuvo en el pasado. Aún incluso si el objeto nada era de la expareja en cuestión. Después de todo nuestro cerebro siempre busca un patrón, vive de patrones y este caso no es la excepción. Así que pienso que tal vez esto es lo que nos sucede con algunos de nuestros “ex”. Tal vez su recuerdo es nuestro amuleto diario con el que nos ligamos a él o ella. Tal vez tenemos miedo de soltarlos, tal vez nuestra soledad no sea más que un reflejo del miedo a si misma.
¿Cuántas veces nos encontramos viviendo en pareja, sin tener pareja? ¿Cuántas veces nuestra soltería se debe a este fantasma? ¿Realmente tenemos un ex? ¿O es que el memorándum que lo destituía del cargo, se perdió antes de llegar a nuestro cerebro? ¡Alguien avíseme que ya no esta conmigo! ¡Alguien avíseme que probablemente no me busque en Facebook como yo lo hago! ¡Alguien dígale a mi cerebro que la persona que recuerda, ya no está conmigo! ¡ALGUIEN TERMINE CON MI EX!
Voltea tu mirada y mira delante de ti. ¡Deja de voltear al pasado! ¡Termina ya con el recuerdo! No podrás olvidarlo claro, no tienes Alzheimer… Pero deja ya de acampar con el fantasma de su persona.
Si ya no esta contigo… ¡Termina con tu ex!
También soy tuyo,
Alexander Lyre
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