“Cuando escucho el sonido de un galope, no pienso en unicornios, pienso en caballos”
Verán, en repetidas ocasiones, hablo sobre nuestras decisiones… Sobre las decisiones que tomamos cada día, al despertar, al vestirnos, al desayunar y así hasta la hora de dormir. Cuando nos preguntamos si dormir con la ventana abierta o no.
Y hoy quiero hablar acerca de las decisiones que tomamos cuando queremos algo para nuestra vida. Y a la par, de las que tomamos cuando creemos por fin tenerlo.
Pues ahí tienen que todos queremos algo en todo momento. Algunas veces queremos cosas simples o materiales, y a veces cosas personales y sentimentales, especiales pues. Pero siempre buscamos algo. Cuando somos niños, queremos dulces, juguetes, amigos tal vez, queremos que nuestros padres nos lleven a Disney, o a la playa. Y cuando crecemos y nos volvemos adultos cambiamos lo que queremos; ahora queremos un trabajo, dinero, pareja, amor, bajar de peso, viajar, ¡queremos vivir al máximo! Queremos un hijo, matrimonio o tal vez solo un romance, ¡volver a ser adolescentes! qué se yo…
Pero para conseguir lo que queremos, debemos buscarlo. Así que comenzamos una búsqueda para dar con lo que más queremos. A veces buscamos con ímpetu, y a veces con desgana… Dependiendo de muchos factores, como si estamos seguros de lo que queremos, o la urgencia que tengamos por obtenerlo. Pero el título de esta entrada lo elegí porque a veces, no sé si por el afán, o por el mismo hecho de no estar seguros de lo que queremos. Nuestras búsquedas de lo que “queremos” comienzan a ocurrir en los lugares menos indicados. Pues de alguna manera caemos en una confusión personal. Y cual caperucita roja, nos acercamos a la cama donde vemos un lobo recostado, porque al parecer su gorra asemeja a la de la abuela y sin permitimos ver los colmillos nos acercamos sin más ni más… ¡que tontos!
Piensa esto: Si tu padre te pide que busques una extensión de luz, ¿la buscarías dentro del refrigerador? Y si tu mamá te pide que compres pan, ¿vas a la ferretería? No, ¿verdad?
Una vez escuche de alguien muy sabio, un ejemplo de cuando alguien está confundido con la vida:
“Imagina que le has pedido a Dios que te bendiga con un iPhone. Después caminas por un restaurante y ves que alguien esta distraído de su mesa con su teléfono olvidado. Si lo tomas, te lo quedas y das Gloria a Dios porque respondió tu petición… Amigo, eso es estar confundido”
Y muchas veces así nos encontramos buscando afanados una extensión dentro del refrigerador. Buscando lo que anhelamos, ¡pero en el lugar equivocado! ¡De la manera equivocada! Si quieres un buen café de altura, discúlpame, pero no lo encontraras en Starbucks. Si buscas que tu novio no sea uno de esos chavos que se emborrachan cada fin de semana, no ligues con el chavo que ves cada viernes en el antro. Si buscas un novio que te valore por algo más que tu cuerpo, discúlpame, no te acuestes con él en la primera cita.
Alguien siempre me ha dicho: si buscas a alguien que disfrute los libros, busca en una biblioteca. Si buscas una pareja para el reventón, búscala en un antro. Ya sé que hay miles de combinaciones, y que no porque alguien disfrute de un antro signifique que no le gusta leer, y viceversa. Pero aunque esto sea solo un ejemplo, aceptemos que hay patrones que son muy determinantes en algunas situaciones, y personas.
Como decía mi abuelo, “lo barato, sale caro”, porque por estas búsquedas apresuradas, tomamos decisiones absurdas que de momento parecen fáciles, y a largo plazo nos resultan estrepitosas. Y nuestra búsqueda se puede dar en cualquier ámbito, también en el laboral. Ya lo he mencionado en otros textos, si buscas un trabajo con grandes periodos vacacionales, no envíes tu CV a una industria automotriz. Pues podrías obtener el trabajo, y empezar a laborar viendo pasar meses, y años viviendo en una frustración por no disfrutar de esas vacaciones de 2 meses al año que tanto anhelabas.
Buscar lo que queremos en el lugar menos indicado, nos lleva a situaciones problemáticas, que no tendrían razón de ser si buscáramos en el lugar correcto. En cuestión del corazón: A veces estamos aferrados a meter un amor cuadrado en nuestro corazón redondo. Queremos “por nuestras pistolas” salir con determinada persona, aunque sepamos que no es para nosotros. Queremos enamorarnos de alguien en específico. Queremos ser la persona especial de ese alguien. Pero llega un punto en el que de tanto forzarlo, nos lastimamos…
Si buscas perlas entre los cerdos, perderás tiempo y esfuerzo, además de que terminaras enlodado, sucio y decepcionado. Si buscas peras en un olmo, te cansaras de buscar, lo más que te dará un olmo, es sombra. Y así, si no buscarías una aguja en un pajar, ni a una ballena en tu pecera. ¿Porque buscas el amor en alguien que claramente no es para ti? ¿Porque buscas amistades en personas que te lastiman? ¿Porque piensas en unicornios si escuchas un galope?
Amigo mío, si necesitas una aguja, no la busques en un pajar, ¡búscala en un costurero!
Tambien tuyo.
Alexander L.

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Me encantó! !!!!! Buenísima reflexión 😉
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Muchas Gracias Antonio! Buen lunes!!
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