El hábito ¡SI hace al monje!

Monje niño

Si, ya sé que el dicho es que “El hábito no hace al monje” pero verás que tengo razón, y que a fin de cuentas hablamos de lo mismo…

El dicho original se refiere al hábito hablando de la ropa que usa un monje. Y por la ropa (el hábito) hace una referencia a la “apariencia externa”. A lo que uno dice ser; a lo que uno predica, lo que habla o tal vez hasta lo que grita. En sí, el dicho significa que no es la ropa o el titulo lo que determina lo que una persona es.

Pues yo decidí cambiar la frase, refiriéndome a un hábito sí. Pero no ese hábito de tela, que un monje pueda vestir y portar con orgullo. La palabra hábito, como sustantivo hace referencia “al comportamiento de una persona que es repetido regularmente”. La RAE lo define como “Modo especial de conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes…”

¿Quién eres tu? ¿Eres lo que dices ser? ¿Eres lo que alguien dice que eres? ¿Eres aquello en lo que crees?

Una vez más pospuse el texto de la semana pasada para hablar de éste tema… Decidí  hablar de “los hábitos” que llevamos en nuestra vida. Decidí hablar de esto, porque me gustaría que pensáramos en las personas que decimos ser… O mejor dicho en las personas quienes realmente somos.

Un monje no es monje por la ropa que use, sino por la vida que decide llevar; con sus pros y sus contras, con sus privilegios y restricciones, con su vocación y dedicación que deben ir acorde a lo que cree. Es todo esto lo que lo vuelve un monje; aunque vistiera jeans deslavados y una playera estampada, seria quien es por lo que está decidido a hacer, por la manera en la que ha elegido vivir… Y así nosotros no somos lo que decimos, usamos, predicamos, o creemos ser. Nosotros somos el resultado de todo aquello que hacemos, sea en lo recóndito del Himalaya o a la luz pública en una plaza comercial.

Hablaré de mí, a falta de un ejemplo más sensato: quienes me conocen saben que poco o nada me importa lo que la gente piense de mí. No por ser un rebelde de primera, con aires valemadristas… Sino porque creo que lo que cuenta es lo que yo sé que soy y lo que sé que hago; y no lo que las personas piensan o creen de mí. No me importa porque mientras las personas que deban saber quién soy lo sepan, me es suficiente. Pocas veces me siento en la necesidad de “probarle” a alguien lo que se hacer, o quien digo ser.

 Aunque no siempre fui así claro; antes de “madurar” me importaba sobremanera lo que aún los desconocidos pensaran de mí. Me importaba el “qué dirán” y sinceramente vivía para alguien más y no para mí. Pero un día en algún punto de mi vida decidí que esto no contaría más. Lo que la gente dijera de mí, no me haría ser lo que ellos dijeran, o dejar de ser quien yo era en realidad. Cuando comprendí quién era yo… abrí mis ojos.

Por ejemplo; Intento ir por la vida si bien no siempre ayudando gente, si teniendo pequeños gestos de amor. Si tengo una virtud, (o a veces un defecto) es que me gusta complacer a las personas. Me gusta tener estos pequeños gestos de amabilidad para con las personas con las que en el momento siento hacerlo… Desde llevarle un desayuno inesperado a una compañera de mi oficina, o comprar de sorpresa el chocolate más pequeño de la tienda si sé que es el favorito de una amiga, hasta tal vez pagar el café de un perfecto desconocido en el OXXO. 

«Un hábito es también aquello que determina quién eres, que haces, que huella dejas en la vida y en las personas que te rodean…»

No, no soy la madre Teresa de Calcuta, ni pretendo serlo. Tal vez no sea tan altruista… pero es que en realidad ese no es mi punto. A lo que me refiero con esto, es que hay cosas que hago que la gente no sabe, ni tiene por que saber, y creo que esas cosas son las que cuentan… Me basta saber lo que hago por mis padres aún sin que lo noten, o lo que hago por conocidos que apenas y me recuerdan. Me basta saber que por abrirle la puerta a alguien puedo alegrar su día entero. Y creo que estos hábitos que nos formamos, forman quienes realmente somos.

¡Pero ojo! Porque tal vez todos seamos así en algún grado… sé que no soy el único. Todos somos amables, y todos tenemos gestos para la gente que queremos. Algunos habrán que siempre donen en el cajero, quienes ayuden a las personas en la calle, quienes sean parte de una ONG. (Ninguna de las cuales hago yo, sinceramente) Y en efecto muchos, o la mayoría no lo predican a los cuatro vientos, están contentos con ellos mismos; saben que eso es quienes realmente son y eso es más que suficiente. Saben que esos hábitos son los que cuentan. Son sus acciones y no sus palabras las que los vuelven “buenas personas”

Pero… ¿Qué hay de aquellos hábitos que tenemos, de los que no estaríamos tan orgullosos si salieran a la luz pública?

Somos también esas cosas que ocultamos… Somos también aquello que hacemos en la sombra con la esperanza que nadie lo sepa. Son estos hábitos (acciones) las que nos vuelven también quienes verdaderamente somos. Son esas cosas que hacemos primero esporádicamente, para pasar a hacerlas con frecuencia, y volverlas con el tiempo hábitos arraigados de nuestra manera de vivir. Y el hecho de que “nadie lo sepa”, o que quien lo sepa “no te lo recrimine” no quita el hecho de que forma parte de quien eres.

Una vez, una amiga me platico que por semanas le marcaron de un banco para cobrarle una tarjeta de crédito, le marcaban dia y noche… ¿Sabes cual era el unico problema? ¡Que ella jamas habia tenido una tarjeta con ese banco!… y a mi por ejemplo, jamas me llaman para cobrarme, pero eso no quita que tenga 3 tarjetas de crédito sobregiradas…. ¿Cierto?  El que a mi amiga le cobraran, no la volvia deudora… y el que a mi nadie me cobre, no me quita mis deudas.

No es lo que la gente sepa de ti, no es tu ropa, no es lo bueno o lo malo que se dice de ti, o que muestras al mundo…Son tus acciones (hábitos) los que determinan quién eres. No tus creencias, ¡ni tus intenciones! Que yo tenga muchas ganas de ayudar a las personas en pobreza extrema, no les quitara el hambre. ¡Que actúe en favor, si lo hará!

Que la gente no escuche lo que dices a sus espaldas, no elimina el hecho de que lo estés haciendo. Somos las mentiras que decimos, somos la calumnia que esparcimos, somos la critica destructiva que lanzamos sin prudencia. Somos el engaño a quien queremos, somos las puñaladas por la espalda que queremos dar. Y esto… ¡esto asusta!

Por lo que te pregunto, y le pregunto a la persona en mi espejo ¿Cuáles son tus hábitos? ¿Estas contento con la persona en la que tus hábitos te vuelven? Asi como probablemente trabajas para formarte habitos nuevos y saludables… ¿trabajas también en eliminar los habitos que contaminan tu vida? ¿Intentas si quiera dejar los habitos viciosos que poco a poco te formaste?

  • Si predicamos amor, ¡debemos formarnos hábitos de amor!
  • Si predicamos perdón, ¡Debemos formarnos hábitos de perdón!
  • Si predicamos gracia, ¡Debemos formarnos hábitos de gracia!
  • Si predicamos justicia, ¡Debemos formarnos hábitos de justicia!

 

No son las vestiduras las que hacen al monje;

¡Son sus hábitos!

 

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Alexander L.

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