Seguro has escuchado el dicho “Hierba mala, nunca muere” ¿Verdad? Aunque a mi me gusta más así: “Hierba mala, no muere fácil” porque las hierbas malas sí mueren; te lo digo yo que amo la jardinería. Solo hay que saber cómo matarlas; si las podas como a cualquier otra planta solo cortaras la apariencia. Pero la raíz seguirá viva y tarde o temprano renacerá, así que hay que tomarlas firmes desde la base del tallo y jalar con fuerza para sacarla con todo y raíz. Créeme, una mala hierba no dejara de retoñar hasta que la arranques de fondo.
Pues así como las “hierbas malas” contaminan un jardín, hay muchas situaciones que llegan a nuestra vida, a veces de plano sin darnos cuenta. A veces incluso porque nosotros las dejamos pasar esperando que no nos dañen (que ingenuos). Y cuando de plano caemos en cuenta de que nos dañan y que nos es necesario deshacernos de ellas; de limpiarnos, de sanarnos, o como quieras llamarlo, ya no nos resulta tan sencillo.
¿Cuantas veces estamos decididos a dejar una costumbre que nos daña, un vicio, un mal hábito, o incluso una relación que afecta nuestra vida? A eliminarlo por completo. Por los motivos que quieras; porque te hace daño, porque te lastima a ti, a tu familia o a tus amigos. Porque daña tu integridad, o tu autoestima, porque lastima tu amor propio, en fin… cualquier razón que puedas tener. Y por alguna razón, lograrlo resulta lo más tardado y complicado del mundo.
Siempre digo que lo primero que hace falta para cambiar, es la intención de hacerlo, ¡Sí! Tanto así que la razón de este blog es esa misma, hacernos entender que para cambiar nuestra vida es necesario primero cambiar nuestra mente. Pero la intención, no cambia nada por si sola… es también necesario el sudor de nuestra frente. Esto es; una vez que decidimos después de probablemente días, semanas o años de darle vueltas en nuestra cabeza, que terminar con una relación, o romper con un hábito es lo más prudente, sensato, correcto, sano, etc. Es cuando empieza el trabajo diario (y duro) para lograrlo…
Tengo una amiga en otra ciudad con la que hablo seguido por teléfono porque trabajamos juntos. Una de las últimas veces, yo estaba enfermo de la garganta y a ella se le ocurrió preguntar “¿tú te la vives enfermo verdad?” A lo que yo respondí, “claro que no, de hecho es rarísimo que me enferme”. Acto seguido ella se atacó de la risa, y me dijo “siempre dices lo mismo, pero siempre estas enfermo”
¡Que caray! hice un recuento involuntario de todas las veces que le he dicho que yo “jamás me enfermo” y si, han sido muchísimas. Bueno pues resulta ser que sí; seguido me enfermo de la garganta, unos dicen que por haber extirpado mis amígdalas, pero quien sabe… Afortunadamente en casa tengo a mi doctor particular, mi amado señor padre. Quien con avidez me receta tratamientos de alta especialidad para que “su Rey” se cure pronto. Y ahí va “el Rey” a comprar los tratamientos carísimos de parís.
Pero suele suceder que a las dos semanas sigo igual, o peor de salud. Y mi padre siempre me regaña por lo mismo; la única razón por la que ningún tratamiento me funciona cuando estoy enfermo, es porque no los termino. Siempre los inicio con todos los ánimos de hacerlo, tomar mis tres pastillas al día, por 8 días. Pero al cuarto día ya solo me tomo dos, y como al quinto ya me tome una decido ya no terminar los últimos días.
No crean que lo hago a propósito, es tal mi intención por completar mis tratamientos que hasta pongo alarmas para cada pastilla, y las programo por 8 días. Osea, intención, ¡SI HAY! Pero supongo que en este caso “la intención no es la única que cuenta”. El punto es que por mil razones empiezo a fallar el tratamiento, puede ser porque se me olvidan las pastillas en mi casa y todo el día estoy en la oficina, o viceversa, se me olvidan en la oficina, que se yo.
Esta desorganización, se ve aunada al hecho de que cuando estas en un tratamiento antibiótico puedes empezar a notar resultados desde el segundo día. Pues ultimadamente la medicina está trabajando para deshacerse de aquello que le hace daño a tu cuerpo. Así que esta sensación de “ya estoy mejor” te juega una pasada y te anima a dejar de mortificarte y suspender el tratamiento porque total, «ya me estoy curando”.
¡Qué error más grande! Mi padre ya se cansa de decírmelo, los tratamientos son para terminarlos. Tienen una razón de ser, las bacterias y virus deben ser debilitadas durante un periodo de tiempo para acabarlas por completo. De lo contrario, si dejas vestigios de ellas y sobreviven; cuando la enfermedad se vuelva latente otra vez, será aún más resistente…
¿No nos pasa lo mismo cuando queremos dejar algo? No empezamos con la mejor intención de cortar a alguien y así duramos 3 días, ¿y después le llamamos de nuevo? Y caemos por un tiempo indefinido… Y después como yo, «cuando nos damos cuenta de que volvimos a enfermar» queremos empezar de nuevo el tratamiento… ¿Pero cual es la necesidad? Si realmente cortáramos de tajo, no alargaríamos más esta etapa que ya de por si es difícil…
Así tal cual lo describo en mi artículo: “Lo que vale… ¡Cuesta!” El lograr algo que queremos, que anhelamos, o que nos proponemos; requiere de mucho esfuerzo, dedicación, recursos, ganas, ¡mucho amor! Y disciplina.
«Es una cuestión de disciplina- decía más tarde el principito– Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs, cuando se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son pequeñitos. Es un trabajo muy fastidioso pero muy fácil».
Hace poco platiqué que leí “El principito” y para este tema, rescato estas palabras que cito arriba. Mismas que el principito dice, cuando relata que en su planeta hay un problema con unos árboles llamados “baobabs” que pueden crecer tanto que podrían destruir su pequeño mundo.
Me disculparán que haga referencia a mis otros artículos dentro de los nuevos, pero creo que mis ideas se complementan unas con otras. Si ya leíste “¿Qué hacer en la incertidumbre?” sabrás de qué hablo. Cuando despues de vivir una incertidumbre hemos por fin decidido qué camino queremos seguir (en este caso deshacernos de algo que nos daña), debemos ser tajantes con nuestra decisión.
En este caso por la simple y sencilla razón que mientras no arranquemos de raíz aquello de lo que hemos decidido deshacernos, por mucha intención que tengamos será IMPOSIBLE lograrlo. Sería como intentar volar con una cuerda que te ate al piso; podrás volar todo aquello que la cuerda te permita, pero al alcanzar su límite, no te dejara avanzar más (¡Habría que cortar la cuerda!).
Es que piénsalo: ¡Somos tan necios como personas! Si fumamos y nos decidimos a dejarlo; nos planteamos irlo dejando “poco a poco”. Cuando queremos empezar una dieta; queremos igual empezarla “poco a poco”, ir bajándole a las tortillas una a una, primero dejar el refresco, después el azúcar, etc… ¡CARAY! ¿¡Qué pasa con nuestra mente poquitera!? ¿Realmente a cuantas personas les funciona esta técnica? Y si te llegó a funcionar, ¿no fue peor batallar poco a poco? ¿Qué no cuando alguien se depila con cera se arranca la venda de un tirón?
¿Qué no es mejor un solo dolor de golpe que estar sufriendo 2 minutos continuos de arrancar tus vellos poco a poco? ¿Y además para qué lo harías despacio? ¿Para que a la mitad de la venda te arrepientas y ya no sepas que hacer? ¿Y la dejes un poco más ahí, esperando que un milagro ocurra y te solucione la vida? ¡No señoras y señores! hay momentos en la vida en los que tenemos que ser tajantes, saber hacer las cosas cuando debemos hacerlas, y ser decisivos si queremos ver los resultados que en un principio buscábamos. O incluso si es que queremos evitar una catástrofe posterior.
Si logramos dar el primer paso que fue aceptar que tenemos que cambiar algo en nuestra vida; sigamos con el siguiente paso con pie firme y sin titubear. Si realmente quieres abandonar ese vicio, esa relación, ese hábito. Es necesario que lo hagas de un jalón y para siempre. “El punto medio entre el éxito y el fracaso, se llama mediocridad” Si no aprendes a terminar un tratamiento antibiótico, jamás te desharás de esa enfermedad que te molesta. Si no arrancas de raíz las hierbas malas, jamás lograrás tener un jardin sano y hermoso. Y si no aprendes a dejar de tajo eso que ya no quieres, te aseguro que podrías batallar con esta lucha toda tu vida.
«Si alguna vez viajan- me decía el principito– esto podrá servirles mucho. A veces no hay inconveniente en dejar para más tarde el trabajo que se ha de hacer; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre una catástrofe. Yo he conocido un planeta, habitado por un perezoso que descuidó tres arbustos…»
También tuyo…
Alexander L.


Hola, que crees, cortar de tajo, hace poco unos 9 días, tuve una platica muy similar a tu expresión aquí, y bueno leí un libro que me dejo algo, y creo bastante y muy aplicable que no hacemos, nadie, me incluyo, dolor real y dolor imaginario, a lo que el humano lo hace un 90% el imaginario un dolor.
Dolor real: es eso que duele realmente, (una herida, una lesion, un tumor, muerte de un familiar)
DOLOR IMAGINARIO: TIENE ORIGEN EN LA MENTE, LA MENTE DECIDE SI LO QUIERE PERCIBIR COMO BUENO O MALO, (miedo a estar incapacitado, miedo al futuro, miedo a la muerte, etc..) estamos entrenados para rechazar el dolor y no sentirlo, asi se afectan otra áreas en el cuerpo.
Se vuelve un dolor cronico («esto no debería pasar», «esto es demasiado para mi») esto porque todo lo cargas y entonces altera nuestras funciones organizas, nerviosas y estructurales.
Asi que si es definitivamente mejor cortar de tajo y desde la raíz
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