Hace una semana fui con mi familia al cine y vimos “La falla de san Andres”. La verdad es que sí está medio estresante ¿Te imaginas lo terrible que debe ser vivir un terremoto, o un Tsunami en carne propia? Bueno cualquier desastre natural debe ser horrible, pero no sé qué será peor; si el momento del desastre, o las horas inmediatas a cuando el desastre terminó. Esas horas en las que la incertidumbre se apodera de ti, y no sabes si tus familiares están vivos o muertos. Cuando no sabes si buscarlos incansablemente o rendirte cuando te das cuenta de que para el mundo eres verdaderamente minúsculo.
Afortunadamente yo jamás he vivido la sensación de perder a alguien, por ninguna razón, sea por que se extravió o a consecuencia de un desastre natural. Pero mientras veía la película, donde unos padres buscan en medio de una ciudad totalmente destruida e inundada a su única hija. Me preguntaba qué tan terrible sería vivirlo. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto sabrías si debes seguir buscando? o ¿en qué punto renuncias ante una posibilidad del 95% de que tu familiar haya muerto? Y Mientras mi mente volaba, mi hermana, que estaba a mi lado me dijo “si fuera yo, preferiría morir en ese momento, que horror vivirlo”
Y yo le conteste: “¿Pero cómo tomas la decisión de rendirte? ¿Y si a pesar de todo lograras sobrevivir? ¿Qué tal si eras de ese 5% que sobreviviría?” A lo que me respondió: “NO, no podría con el estrés, prefiero morir a la segura, que arriesgarme a pasar todo esto” Y entonces hice la pregunta del millón… “¿Y si se tratara de buscar a nuestro hermano?” (Tenemos un hermano de 9 años) Volteó y me dijo “NO, cállate, no quiero ni pensarlo, el solo imaginarlo me duele, ya cállate”; “A eso me refiero” contesté.
Y seguí atento a la película, aunque por los siguientes 5 minutos mi mente estaba muy lejos del cine…
Porque así lo quiso el destino, a mí me tocó ser el ser el hermano mayor en mi casa. Un rol que pocas personas conocen y que estoy seguro, ni los padres podrían comprender. Ser el hermano mayor es como ser un padre, pero sin serlo; sin los privilegios, sin derechos, sin nada escrito pero sí grabado en nuestro corazón. Es ser el mediador eterno entre los menores y nuestros padres, es ser el ejemplo para bien y para mal, lo quieras o no. Es no vivir solo para ti, si no para las personas debajo de ti (tus hermanos) y las de arriba (tus padres). Cuando uno es el mayor, no andas por la vida solo pensando en ti, no sé por qué razón siempre caminas cargando a los menores en tus hombros, ¡sin que tú los procrearas o decidieras traerlos al mundo!
Es algo en tu corazón que se asemeja a ser un padre, sin haberlo sido nunca. Claro, no es lo mismo que serlo, pero la diferencia es que los padres tuvieron a los hijos; es decir, llevarlos en sus hombros fue una decisión propia. A los hermanos mayores, ésta responsabilidad y carga emocional se nos adjudica sin preguntarnos. La realidad es que ser el hermano mayor es como vivir en un limbo, no eres enteramente hijo, ni enteramente padre.
Pero es algo hermoso, de eso no hay duda. Y si un día los menores se percatan de lo que hacemos nosotros, solo sería añadidura. Nuestra recompensa la llevamos al mirarlos cuando ríen, o cuando se salen con la suya gracias a nuestra ayuda… Pero así como es algo hermoso amarlos, cuidarlos, entenderlos y ver por ellos; así duelen en el alma. Así que después de unos días retome el tema con mi hermana y le explique que ese mismo dolor que sentía cuando siquiera imaginaba que algo le pasaba a su hermano menor; un dolor incomprensible. Así era lo que yo sentía por los dos, por ella y por él, y le intente hacer ver que ese era el amor de verdad, un amor que dolía.
Verás, cuando digo que el amor duele, lo digo con la creencia de que el amor es primero que nada una convicción, y no precisamente una emoción. No son las mariposas en nuestro estómago, ni los suspiros al leer un mensaje o ver una fotografía. Yo en este momento no estoy suspirando por mis hermanos, ni hace un momento cuando le llame por teléfono a mi hermana sentí mariposas en el estómago. Pero sé que los amo, sé que si en este momento tuviera que cortarme una mano, o un brazo para salvarlos, lo haría. Sé que si en este momento me dieran a elegir entre mi vida y la suya, daría la mía sin dudarlo.
¿Por qué hablo de la familia o de los hermanos para ejemplificar el amor? Porque en la familia es donde primero conocemos el amor verdadero, donde podemos identificar sus características y cualidades. Si piensas en tu familia, como yo en mis hermanos o en mis padres, sabes que cuando amas a alguien, no se trata de lo que tú necesitas, sientes o quieras vivir. Cuando amas a alguien realmente no importas tú. Y pese a que esto me adjudique críticas y a que puedas pensar que el amor tampoco se trata de ser un masoquista, y un mártir; sostendré el siguiente punto:
“El amor es sufrido”
…Recuerdo que en alguna ocasión le compartí esta idea a alguien, y me dijo que estaba mal; “No entiendo por qué la gente tiene que pensar que el amor es sufrido, si el amor debe ser algo bonito, algo hermoso, algo bueno, y no algo doloroso” me dijo. Y mucha gente puede pensar esto; pero si algo he entendido de unos años para acá, es que el amor; el amor de verdad… duele.
Pero no hablo del dolor que sentimos porque “nos rompen el corazón”. No, ese es un dolor diferente; que más tiene que ver con el orgullo que con el amor de verdad. El amor duele a manera personal, no por lo que alguien nos haga o nos deje de hacer. Si no por el simple hecho de amar a alguien diferente a ti, alguien en cuya mente o corazón no puedes mandar, alguien a quien no puedes obligar a amarte, y a quien no puedes controlar; alguien enteramente independiente de ti. Duele cuando ves a la persona que amas hacerse daño. Basta con preguntarle a un padre o madre, como se le parte el corazón cuando ve llorar a sus hijos. Como le duele en el pecho cuando los ve enfermos y no puede ayudarlos. El amor de verdad duele, porque no es fácil pensar en alguien más antes que en ti, pero irónicamente este tipo de amor no te pide permiso, lo hace por sí solo.
¡Pero ojo! ¿Cuantas veces confundimos una aventura, una relación, una emoción, un mariposeo, o hasta esa sensación única de cuando estas empezando a conocer a alguien que te gusta; con amor de verdad? O viceversa; a veces aunque sepamos que amamos a alguien, pareciera que si no estamos sintiendo esas mariposas todo el tiempo, olvidamos que lo hacemos. Creemos que ya no amamos, creemos que “la llama se apagó” o que “el tiempo ya fue”, ¡NO! lo he dicho muchas veces; el amor verdadero no muere, solo enferma.
Piensa que las mariposas en el estómago te las puede dar una montaña rusa, y el cosquilleo en las manos y el nervio al estar cerca de alguien te lo puede dar un “one night stand” (una aventura de una noche) Pero la convicción de pelear contra el mundo, de morir por alguien, de estar dispuesto a vencer tú mismo orgullo por esa persona, de renunciar a todo por él o ella, eso, eso solo te lo puede dar el amor de verdad.
Nunca dije que el amor sea solo dolor, NO. El amor es algo maravilloso, grandioso, es sin lugar a dudas es la fuerza más grande que hay en el mundo, es la mejor cualidad que tiene la humanidad, pero una de sus muchas características, es que duele. Eso lo vuelve amor de verdad.
Así que si tú piensas amigo mío, que el amor son solo mariposas, una sensación de vacío en el estómago, cosquilleo al tomar su mano, o emoción por saber que la/lo verás. Te diré que no, esas son emociones, que sí, muchas veces acompañan al amor. Pero que no determinan propiamente que lo sea. El amor es algo más grande, el amor no es algo a corto plazo, el amor es una obra de arte que lleva trabajo, esfuerzo, y dedicación. El amor no es una pintura minimalista, el amor es un Monet en todo su esplendor, en el que cuenta cada gota de nuestra frente y cada hora invertida (y a veces sufrida) de nuestra vida.
¿Si morirías por alguien, porque no te atreves a vivir por él/ella?
El amor no es una mariposa en el estómago, el amor es una daga en el corazón… Pero solo es un pequeño precio que pagar; recuerda que todo lo que vale… ¡Cuesta!
También tuyo…
Alexander L.

Pingback: ¡No te hagas a la idea! | También soy tuyo·
Pingback: ¡No te hagas a la idea! | Dalequedale.com·
De pronto me puse a indagar acerca de que el verdadero amor duele, y entiendo perfectamente lo que el escritor quiere transmitir, Yo pieso desde esa perspectiva porque lo he vivido.
Me gustaMe gusta
Hola! Muchas gracias por tu lectura, y por tus comentarios, aunque no nos guste, el amor que es de verdad, duele por el solo hecho de demandar una parte de nuestro corazón para otra persona.
Saludos!
A.L.
Me gustaMe gusta