Las circunstancias de tu vida…

Meaning-of-life

¡Hola people! Una vez más vengo retrasando este artículo desde hace unas semanas, no había logrado centrarlo a la idea que quería expresar. Hace unos días mientras observaba a alguien, meditaba en el hecho de que las peores batallas de las personas siempre están en nuestra mente. Nuestra mayor incapacidad como seres humanos, no es ni siquiera nuestro cuerpo (que ya de por si es limitante). Nuestra incapacidad más grande, es nuestro entendimiento. Que es muchas veces cerrado, cuadrado y como diría yo; “poquitero”.  Es en nuestra mente donde debatimos todo el día, somos nosotros los que nos decimos el primer “No puedes”. De hecho, recuerdo alguna vez escuchar de algún psicólogo que del panorama general de cualquier problema; solo el 50% o menos es la problemática real, y el resto es una «baraña imaginativa» que aporta nuestra mente y que nos hace ver un problema muchísimo más grande de lo que en realidad es.

¿Pero por qué hablo de nuestra mente, si el artículo claramente dice que voy a hablar de circunstancias?… Porque nuestra mente tiene que aferrarse de algo, necesita pretextos para justificar aquello con lo que lidie o trabaje. Y hablando de nuestros problemas personales, son normalmente las circunstancias en las que vivimos las responsables de nuestras luchas diarias… ¿Leíste mi artículo  “Renunciando a un sueño”? Hace unos meses tuve un tiempo de debate personal, y me encontré en estas  luchas por “no hacer lo que quería”… Siempre apuntando a las circunstancias de mi vida, como las culpables de que yo no hiciera aquello que más anhelaba.

“El problema es que pensamos demasiado en lo que pasó, y en lo que pasará; cuando lo importante es lo que está pasando”

Hoy entonces, quiero hablar de aquellas cosas que según nosotros “nos impiden” hacer algo en la vida; sea superarte,  alcanzar un sueño, o lograr una meta… Las circunstancias de tu vida. Verás, siempre he dicho que las circunstancias que nos rodean son una realidad. No son mentiras, alucinaciones o espejismos; no puedes dormirte y esperar a que mañana todo haya cambiado. No; las circunstancias de nuestra vida son verdaderas. Si no tienes dinero, no tienes y punto; si no tienes padres, no los tienes y punto; si no tienes auto, no tienes y punto y así mil ejemplos más.

Pero el hecho de que todas estas realidades estén presentes, no las vuelve factores determinantes para tu vida ¡y mucho menos las únicas circunstancias que te rodean! ¡Siempre hay más de lo que vemos!

Te has puesto a pensar… ¿Qué tan ensimismados estamos en “nuestras” circunstancias?

Y hago énfasis en el “nuestras” porque a veces pensamos que son de nosotros y de nadie más. Pensamos que somos entes únicos en el mundo, pensamos que somos los únicos que sufrimos. Los únicos a los que nadie entiende: “Nadie sabe lo que es ser yo”, “Nadie tiene que lidiar con lo que yo lidio”… Pero que tú afrontes circunstancias diferentes al resto de las personas, no te aísla del mundo.  A veces es crítico que entendamos que las circunstancias que enfrentamos no son ni más ni menos importantes que las que afrontan otras personas.  Las de todos cuentan por igual, y lograr entenderlo nos ayudaría a superar nuestros retos en la vida.

¿Pero cuantas veces nos encontramos culpando a las demás personas, o a las circunstancias de lo que nos pasa? Sin considerar que incluso aveces somos nosotros mismos los responsables de dichas circunstancias… creo que eso es lo que más coraje nos da. ¡Debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos! Porque en lugar de aprovechar lo que tenemos, y dejar de quejarnos de lo que NO tenemos, o de lo que tenemos y no queremos tener; a veces pareciera que cada día cavamos más y más un pozo sin fondo de depresión, apatía, tristeza y soledad.

¿Hasta cuando entenderemos que somos nosotros los autores de nuestra vida?

A lo que quiero llegar con este artículo, es a entender que la vida nos demuestra una y mil veces que las circunstancias no tienen porque ser un impedimento para aquello que queremos tener o lograr en nuestra vida… El impedimento esta como dije al principio, en nuestra mente; y afecta inmediatamente a nuestra actitud. A veces estamos tan centrados en las circunstancias que NO nos gustan, que dejamos de ver por completo, las circunstancias positivas que TAMBIÉN NOS RODEAN.

¿Y apoco no te has encontrado a ti mismo, queriendo salir de tu actitud negativa, intentando convencerte de que si se pueden hacer las cosas; de que hay solución para casi todo en la vida, pero te cuesta trabajo? Y a veces después de desesperarnos por no poder vencer nuestra actitud, hasta anhelamos tontamente que nos pasara algo muy malo, ¡para poder reaccionar al fin!

Yo a veces pienso frente al espejo que si perdiera una pierna, me atrevería a ser atleta con todo y prótesis; pero teniendo dos piernas no salgo ni a pedalear en bicicleta. A veces pienso que si me faltara la mano derecha, me volvería un pintor afamado con la izquierda; pero teniendo mis dos manos, pinto apenas una vez al mes. Incluso a veces pienso que si tuviera VIH entonces si me determinaría a vivir al máximo, a hacer ejercicio, a viajar, a dar charlas de motivación, ¡a contagiarle al mundo la alegría de vivir!… ¡Pero teniendo perfecta salud me falta decidirme a tantas cosas!

¿Te has dado cuenta que vivimos pensando en el “un día”?  “El día que ya no tenga deudas” “El día que mi esposa cambie” “El día que pague mi casa” “El día que renuncie a mi trabajo” “El día que cambie el gobierno” “El día que me retire” “El día…” “El día…”

Y es entonces cuando me pregunto:

¿Realmente nos detienen las circunstancias? ¿O es que solo las utilizamos de excusa?

Porque si las circunstancias “más adversas” tuvieran el poder de detener al ser humano: Berlín jamás habría vencido el socialismo, Beethoven jamás habría compuesto la novena sinfonía, el hombre no habría llegado al espacio exterior y no existirían atletas paralímpicos con más condición, fuerza y habilidad que la mayoría de las personas. Es más, en un ámbito más cercano, yo conozco gente realmente humilde que se las ha averiguado para conseguir becas completas para estudiar en el extranjero, y no precisamente académicas (por si pensabas que el historial académico era un impedimento)

Yo no estoy hablando de que tengamos que ser maestros en nuestras áreas, unas eminencias o premios novel. No tienes que ser Beethoven, Salvador Dalí, Van Gogh, o un medallista olímpico…  Pero en tu entorno, en tu medida, en tu posición, y en tu deseo ¡VENCE tus circunstancias! ¡y deja de usarlas como excusas!

Si estás dispuesto a cambiar este «modus operandi», solo recuerda que:

“El primer paso para cambiar, es querer hacerlo”

También soy tuyo…

Alexander L.

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