¿Te ha pasado, que después de correr tanto, llega un punto en el que te cansas y piensas que ya no puedes más? Recuerdo que de pequeño siempre me preguntaba ¿Qué pasaría si después de cansarte hasta “no poder más” tuvieras que seguir corriendo…?
Cuando yo era niño, mi papá solía salir a correr con sus perros al campo, o a la montaña, y en ocasiones me llevaba con él. Claro que yo era más un inconveniente que buena compañía, eso de correr nunca fue lo mío. Yo me quejaba, lloraba, me enojaba, odiaba hacer ejercicio; y además llegaba el punto en el que en verdad ya no podía correr. Pero recuerdo que en alguna ocasión hice todo el recorrido y lo terminé corriendo junto con mi primo. Íbamos felices de la vida corriendo montaña abajo de regreso a casa, y nunca entendí porque en aquella ocasión si pude seguir corriendo durante todo el recorrido.
Fue hasta años después, que un amigo que es corredor me explicó, que hay una “barrera psicológica” previa a tu “limite físico” que te impide seguir corriendo. “No es que tu cuerpo ya no pueda, es que tu mente ya no quiere” y me explicaba que todos los corredores se enfrentan a ella “pero una vez superada la barrera puedes seguir corriendo por mucho tiempo y distancia más antes de alcanzar tu verdadero limite físico”
Y como esta, imagino las muchísimas barreras que ponemos en nuestra mente que nos impiden a dar aquello que podríamos dar, a hacer lo que podríamos hacer, o incluso a dejar lo que deberíamos dejar de hacer. Yo antes de hablar con mi amigo, siempre había pensado que esa barrera cuando corres era “real” y que tu límite era ese y solo ese. Tanto así que de pequeño, cuando alcanzaba este “ya no puedo” empezaba el martirio del resto de la caminata, porque yo quería sentarme cada 5 minutos a descansar y obviamente cada vez me resultaba más difícil pararme y continuar. Pero fue entonces gracias a él que entendí que realmente y como diría Frida “al final del día podemos soportar mucho más de lo que pensamos”. . .
Apoco no te has encontrado en una situación difícil que a su vez presenta mil panoramas en tu mente. Y antes de hacer un esfuerzo, sea por cambiarlo, o evitar uno de esos panoramas; damos por sentado que tal situación “así es” y ni modo. Y ya ni siquiera buscamos una salida o solución; dejamos de esforzarnos mucho antes de empezar.
“A veces nos damos por vencidos antes incluso de intentarlo”
Nos pasa hasta en lo más sencillo… Hace unos días volé a la ciudad de México, y al regreso cuando mi avión aterrizó, consulte los horarios en mi teléfono para tomar un camión hacia mi ciudad, aterrice a las 10 AM y el siguiente camión saldría, según su sitio web a las 12:30 PM. Ni hablar, tendría que esperar casi tres horas en el aeropuerto…
En fin, al menos no me vería en el típico apuro de correr para bajar del avión y ser de los primeros en tomar mi maleta para alcanzar el primer camión que saliera hacia mi ciudad. Pensé que en todo caso antes de ir por mi boleto, podría ir al baño y tal vez después incluso hasta desayunar algo.
Con tanto tiempo libre la compra del boleto podría esperar, como quiera esos nunca se venden por completo. Pero entonces cuando iba caminando con la calma del mundo después de bajar del avión, una voz en mi mente me dijo “¿Qué tal si sale un camión antes? y tú lo pierdes por creer que no hay sino hasta medio día”… Entonces tontamente si quieres, me vi en una encrucijada conmigo mismo: “¿Acelero el paso? ¿O no tendría sentido?” «¿Que tal si solo corro a lo tonto y de cualquier forma me dirán que el próximo camión sale hasta dentro de dos horas y media?… después de todo ya vi los horarios en la página de Internet, no hay boletos»
Pero por alguna razón surgió la frase “nada pierdes con intentar” así que antes de ir al baño, y acomodarme por un desayuno, decidí apretar el paso y correr hasta la ventanilla de los autobuses… ¿Cual fuera mi suerte? Que salía un camión a las 10:30AM, es decir, en ese punto me quedaban 15 min, ¡o lo hubiera perdido! Y entonces si hubiera tenido que esperar 2 horas más en el aeropuerto. Obvio lo compre y ya solo me apure a ir al baño, el desayuno no me importaba tanto. Pero me quede pensando agradeciendo a la voz del «y que tal si…» porque de haberme quedado “con la idea” de lo que vi en la página de Internet, habría hecho más tiempo tal vez viendo algunas revistas, en la ida al baño, y en mi desayuno. Y a la hora de ir por el boleto, hubiera sentido mucho coraje e impotencia que me dijeran “se acaba de ir un camión hace 10 minutos”
Que bueno que todo fuera cuestión de perder 2 horas en un aeropuerto… o de perderte un desayuno, pero la verdad de las cosas es que muchas de nuestras decisiones y de nuestra forma de caminar en la vida tienen un impacto mucho más significativo.
¿Por qué surgió este tema en mi mente? Pues resulta que hace poco recibí una noticia no muy agradable, y en este momento estoy viviendo una incertidumbre personal. La incertidumbre se debe a que en realidad no se si la noticia sea cierta o no y de momento no puedo confirmarlo. Pero hace unos días mientras me lavaba la cara y tenía una de mis famosas “auto conversaciones” frente al espejo de mi baño; me encontré “ya muy hecho a la idea” y casi hasta resignado a esta noticia como asumiendo que fuera verdad. Me halle planeando cosas, ideando, consolándome y demás. Y cuando me di cuenta, me saque de onda…
“No seas ridículo Alex, no sabes siquiera si sea verdad y ya estás resignandote y haciendo mil planes en tu cabezota alrededor de tal noticia” me dije a mi mismo. Pero entonces mientras me daba unas cachetadas yo mismo, y me decía “espera hasta que lo compruebes” me cayo el 20. ¿Cuantas veces nos “hacemos a la idea” en muchos otros aspectos de nuestra vida? ¿Y en base a ella empezamos a caminar? A veces aceptamos demasiado pronto “las circunstancias” negativas en las que vivimos. A veces sin tratar si quiera de reparar un televisor que no prende, lo tiramos a la basura… Pero…¿Acaso nuestra vida también es desechable?
Hace un tiempo una gran amiga escribía en su Blog:
“Tenemos dos opciones, o aceptas el camino; o tomas la responsabilidad de cambiarlo”
Yo le agregue algo de mi cosecha a la frase:
“O aceptas el camino (al costo que implique); o tomas la responsabilidad de cambiarlo (al costo que implique)
¿Qué costo prefieres pagar?
¿Qué hubiera pasado si Churchill se hubiera «hecho a la idea» de que iban a perder la guerra contra Alemania? ¡Hubiera dejado de intentar! Habría dejado de invertir en cientos de ideas innovadoras, con las cuales finalmente fue quien logro vencer. Y pienso en mi historia favorita “Romeo y Julieta”. Su tragedia, entre muchos factores se debió precisamente a que Romeo «se hizo a la idea» demasiado pronto de que Julieta estaba muerta… tal vez si hubiera esperado unas horas más, antes de tomar la decisión de envenenarse hubiera alcanzado a verla despierta y hubieran vivido su amor por mucho más tiempo del que el destino les deparó.
A veces por ejemplo; tenemos un problema con nuestra pareja y como dicen “ya no sabemos si ver lo duro o lo tupido” así que decidimos “hacernos a la idea” de la separación, de la pelea, y listo. Empezamos a formar nuestra “nueva vida” en base a esa idea sin siquiera intentar resolver las cosas. Nos dicen que no hay becas para promedios abajo de 9, y dejamos de buscar becas por completo. Nos dicen «aquí nos toco vivir» y nos quedamos con la idea de esa realidad, no pensamos en superarnos, en salir de nuestro entorno. Nuestra misma mente nos dice «así soy, así nací» y ya jamas intentamos cambiar…Escribí algo relacionado en “El amor de verdad, el amor que duele” Si un familiar tuyo estuviera perdido… ¿Te harías a la idea de que “ya no está” así de fácil? O seguirías buscando todos los días hasta encontrarlo o morir en el intento?. Porque puede que no lo encuentres… pero; ¿Y si lo ibas a encontrar mañana y hoy decidiste dejar de buscar?
Claro que no estoy diciendo que siempre que “no nos hagamos a la idea” nos va a ir bien. Y que si sigues buscando siempre encontraras lo que buscas… que si no dejas de intentar, siempre tendrás éxito. ¡ NO !, estoy intentando hacernos entender, que muchas veces fracasamos no porque alguien nos venciera, sino porque nosotros renunciamos a la victoria mucho antes de intentar alcanzarla.
«Perdemos por default…»
Creo que nosotros somos los que sellamos nuestro destino, y muchas veces y con temor lo digo, «ni siquiera somos conscientes de ello». Pero tienes que saber, que sellan igual tu vida las decisiones que tomas como las que no tomas. A veces le damos muchísima importancia a las acciones y no consideramos que el cruzarse de brazos puede tener 10 veces más impacto que la más mínima acción que realicemos.
¿A que te has hecho a la idea antes de tiempo?
También tuyo…
Alexander L.
