“No te enojes; a veces el otro no te entiende. Lo explicaste mil veces, pero no lo ve. No es tonto, no es malo, no es indiferente… Es otro”
Hace ya unas semanas que publique la última entrada de mi Blog, y vayan a saber ustedes por qué ya no había escrito nada. En teoría no sé la razón, aunque creo atinar a saber cuál es… lo adjudicare simplemente a la falta de inspiración supongo. Aunque gracias a algunos sucesos recientes, surgió esta nueva chispa que movió los engranes de mi ya casi empolvada mente, y que me hizo maquinar, o pensar pues, en un tema del cual quiero hablar hoy.
La cita con la que inicio este escrito, la descubrí hace meses en el bendito Internet, y la considero muy acertada. La verdad es que el primero en quien pensé, cuando la leí por primera vez fue en mi papá. Mi padre es un hombre muy inteligente, considerablemente culto y demasiado hábil e ingenioso. Lo que lo vuelve una bendición para los que estamos a su alrededor… casi siempre. El dilema es que al ser un hombre tan preparado, a veces no concibe que la gente no piense, hable o actúe como él; y cuando esto no sucede puede resultar en un buen disgusto de su parte. Por ello pensé en él con esta frase, porque a veces él dice las cosas una vez, y si alguien no lo entiende, se molesta. Es algo en lo que trabajamos: tanto él, como nosotros como su familia; nosotros en entenderlo y él en bajarle al coraje innecesario.
Pero obviamente esto no solo pasa con mi padre, y después de analizar la frase con más detenimiento, supe que nos pasa a todos, en diferentes áreas de nuestra vida. Y es que a veces nosotros vemos un lado de las cosas, y lo interpretamos, lo razonamos, lo explicamos y a veces hasta lo gritamos a nuestra manera. Pero las demás personas no logran comprenderlo… y entonces se nos complica la existencia. Porque no es posible que no entiendan o vean algo que es «claramente tan obvio». Y esto nos llena de una frustración de aquellas, que solo consiguen empeorar nuestra situación.
El punto es que cada quien interpreta y vive una situación de acuerdo a la información que haya registrado en su cerebro, que normalmente es diferente a la del cerebro de alguien más. Por eso decidí llamar a este texto “La otra cara de la moneda”. Porque si bien una moneda de 10 pesos es una moneda con un valor determinado, no tiene la misma cara por ambos lados, y sin embargo el ver un lado o el otro, no hace que la moneda deje de ser lo que es.
“La normalidad es una ilusión. Lo que es normal para una araña, es un caos para la mosca”
Esta frase de Morticia Addams, resume todo lo que quiero decir en pocas palabras…
Si bien es cierto que dos cabezas piensan mejor que una, muchas veces el hacer trabajar dos mentes sobre la misma idea, circunstancia o situación, solo vuelve más complejas las cosas. Y es algo que ineludiblemente sucede en nuestras relaciones personales; los eventos que vivimos se interpretan de dos formas distintas. Desde nuestro lado de la cancha, y desde el lado de la otra persona.
Lo cual no debería representar ningún problema si supiéramos manejar dicha información. El problema (si, siempre saco un problema a relucir, lo sé) surge cuando nos aferramos a creer que somos nosotros quienes tenemos la única verdad que cuenta. Y creemos que los demás necesariamente ven, viven e interpretan las cosas como nosotros las vemos. Porque claramente la imagen de arriba es un sombrero… ¿Es más que obvio no?
No se si todo tenga que ver con el corazón, pero me preocupa sobremanera este tema, porque como escribí en «El rumbo de tu vida…», es él quien determina como vivimos y hacia donde vamos en este mundo. El punto es que después de todo, el que no sepas reconocer un auto, un problema matemático, o que no puedas interpretar un dibujo al igual que alguien más, puede no conllevar graves consecuencias. Pero, ¿qué pasa si hay algo más en lo que tu amigo, pareja, novio, novia, esposo o esposa, no logra ver las cosas como tu asumes que las está viendo? Cuantas veces es cierto que sin querer podemos lastimar a alguien con las actitudes que tenemos “sin malicia” (y que de verdad no tienen malicia) solo por ignorar lo que la otra persona podría ver, pensar o interpretar.
Y todo porque asumimos que si para nosotros no existe un problema, o un dilema en «X» cosa, tampoco debe haberla para nuestra contraparte. Después de todo para la araña no representa gran cosa comer una mosca, “es solo comida”… ¿Pero qué diría la mosca al respecto?
O incluso al revés, a los que pensamos demasiado las cosas (como su servidor) a veces el hacerlo nos resulta un arma de dos filos. Somos expertos en armar una novela en nuestra mente, que si bien a veces nos resulta muy útil para analizar problemas y detallar soluciones. Algunas veces el pensar que las cosas son como nuestra mente imagina puede lastimarnos innecesariamente. A veces las personas no te saludan porque no te ven, y cometemos el error de pensar que «si yo la vi, es obvio que me tenia que ver; y si me vio y no me saludo, es porque esta enojado/a conmigo.»
¿A cuantas personas les dejamos de hablar porque no logran ver las cosas como nosotros las vemos? ¿Cuantas amistades perdemos? ¿Cuantos matrimonios son destruidos por algo tan simple (y estúpido)? ¿Cuantas guerras se han librado por el simple hecho de no interpretar bien la información? ¿Hasta cuando aprenderemos que en las relaciones personales más sinceras, el «yo» no siempre va en primer termino?
En esta etapa de mi vida, he aprendido a pensar que no siempre alguien tiene que estar “enteramente mal” o que otra persona tenga la «razón absoluta». Creo que siempre y en todo momento habremos de analizar la condición de las demás personas. Debemos aprender a ver la otra cara de la moneda. Y creo que entonces a través de un canal de comunicación efectivo, esta sería la solución para siempre mantener relaciones, cualesquiera que estas sean, lo más sanas posible.
¿Después de todo, quien dice que tu sombrero, no es una boa que acaba de tragarse a un elefante?
También tuyo…
Alexander L.

