«Es fácil engañar a los listos y a los avariciosos; el ansia nubla el intelecto»
Hay una ley no escrita que dicta que a su tiempo, todos los imperios están destinados a caer. Alguna otra ley dice que a toda acción corresponde una reacción. Otra más dicta que todo lo que sube tiene que bajar. Y por ultimo una que dice que todo lo siembra el hombre, eso también cosechara…
Lo que no está escrito en ninguna de las anteriores, es el tiempo que puede transcurrir para que un imperio caiga, una reacción suceda, algo que subió comience a bajar o una siembra se coseche. Y tampoco está escrita la forma en que la reacción, la cosecha, o la caída puedan suceder. Y aunque si bien es cierto que una ley, se llama así porque se cumple sin excepción; muchas veces al no ver el resultado de ciertas acciones pensamos que somos nosotros la excepción a muchas de estas reglas.
Mis padres a pesar de vivir su infancia en lugares completamente diferentes de nuestro país, cuentan que antes la gente acostumbraba tirar balazos al cielo cuando festejaban algo. Por ejemplo 12 balas en la madrugada de año nuevo, o en la víspera de navidad. Y cuentan que no solo sus tíos lo hacían, sino muchísima gente, y no era ni mal visto ni mucho menos. ¿Pero por qué la gente tiraba balas al aire si un disparo supone siempre un riesgo? Pues porque en teoría “no pasaba nada”, mientras dispararan apuntando lejos de sus casas, de ellos y de sus familias.
Hasta que un día se empezó a hacer conciencia de que el hecho de que no te pasara nada a ti no significaba que no pasara nada en general. Pues la velocidad con la que cae una bala desde el punto más alto que alcance es prácticamente la misma con la que sale disparada; por lo que puede causar el mismo daño. Así esta costumbre se fue eliminando poco a poco, pues llegaban a urgencias casos en los que gente «sin deberla ni temerla» recibía de quien sabe dónde una bala perdida. En el hombro, en una pierna, en un brazo, o en los peores casos en la cabeza.
Y ese, es solo uno de muchísimos ejemplos que podríamos tomar para darnos cuenta que «todo lo que sube, tiene que bajar». Y me hace pensar en como a veces vamos por la vida pensando que nuestros actos no tienen consecuencia, reacción o cosecha alguna. A razón de que muchas veces pueden pasar días, meses incluso años, sin que las veamos frente a frente. O como en el caso de las «balas perdidas», que no seamos nosotros quienes las recibamos de regreso, ni veamos quien si lo hace.
¿Te has fijado en lo simples somos a veces? Me incluyo claro está, pero en general TODOS somos simples con algunas áreas, detalles, aspectos o situaciones de nuestra vida. Pensando en que realmente nuestros actos no tienen más importancia o impacto de lo que nosotros les demos. Muchas veces pensamos ser la excepción a las reglas, y nos escudamos en el “a mí no me va a pasar”. Creo que es la única respuesta que encuentro al adolescente que se droga por diversión, al que se alcoholizó y decidió manejar de todos modos, a quien decide engañar a su pareja, a quien no se cuida en una relación sexual, a quien roba “solo un poco”, a quien maneja a exceso de velocidad, y en fin a todos cuando tenemos actos despreocupados y muchas veces desfachatados también.
La mala pasada resulta cuando nos confiamos porque en 1 mes, 2 meses, 1 año, o más tiempo jamás hemos visto nuestro imperio caer, nuestra siembra dar una cosecha, o que las balas que lanzamos caigan a nuestro alrededor. Así que decidimos que no hay rumbo o camino alguno que corregir, y tomamos una nueva actitud porque después de todo “mi experiencia me respalda”. Que inocentes… o tontos diría yo. El día que nuestra consecuencia llega y cobra una factura que ni recordamos gastar, es un balde de agua fría en nuestra “inocente” espalda. ¿Apoco no te ha tocado recibir una cachetada de la vida por algo que ya ni te acordabas que hiciste en el pasado?
Nuestra vida es como una tarjeta de crédito; y todos sabemos aún en lo más recóndito de nuestra conciencia, que usarla desmedidamente tarde o temprano siempre será un error. Pero si algo creo en esta vida, es que todos podemos cambiar, ¡y es el tema central de este blog! Así que si el día de hoy nos damos cuenta que hay algo que podría salir mal, o incluso hay cosas que ya salieron mal. ¡Reaccionemos! Con vida nunca será tarde para rectificar el camino.
«Arrepentimiento no es decir «lo siento»…
es cambiar de dirección»
También tuyo…
Alexander L.
