El futuro es hoy

FullSizeRender

Hace tres días alguien a quien le tengo un gran cariño, por alguna razón que desconozco me regaló una pulsera con un mensaje que echó a volar mi mente…

“El futuro es hoy”

Echó a volar mi mente, porque es una frase que resume mucho de lo que he aprendido en el ultimo año de mi vida…

Verás, hace unos días se cumplió un año de haber recibido una noticia que cambio mi vida de manera abrupta. Una noticia que vino a ser un parte aguas en mi manera de soñar, de sentir, de vivir y sobretodo de creer. Se cumplió un año de los más grandes altibajos que en mi vida he tenido, un año con matices de felicidad y de una aberración a la incertidumbre que en ocasiones solo me pedía terminar con todo. Aunque irónicamente en este mismo año, también viví y cumplí sueños que tenía arraigados en el fondo del armario de mi corazón desde hacia varios años, algunos incluso desde la infancia…

Fue por estas mismas circunstancias adversas que te platico, que muchos de los paradigmas  que tenia en mi mente cayeron cual hojas de álamo en otoño. Ideas, costumbres, creencias…  Y otras más se reforzaron, como la idea de ser más desapegado de las cosas; apreciando aún más lo que en verdad importa, el corazón, el amor, aquellos a quienes amas y quienes te aman. Tu fe, tus virtudes y no solo tus errores; tus sonrisas y no solo tus corajes.

Y es que si bien yo antes creía no ser aferrado a nada, e incluso aconsejaba no serlo. Un día me di cuenta que una parte de mi sí lo era. Y lo reconocí porque caí en cuenta que desde hacia 3 años tenia en mi clóset  dos grandes  maletas llenas de cosas que por alguna razón un día decidí empacar y guardar. Cosas de las que no me quería deshacer a pesar de que no las había necesitado ni echado de menos en 3 años o más. Siempre las guarde para usarlas el día que viviera solo, el día que tuviera mi propia casa.

Date cuenta que guardamos esa camisa porque “puede ser que un día la utilice”, ese pantalón porque “algún día lo podría llevar a la fiesta apropiada” ¡Y si! Muchas veces es valido hacerlo, pero tu vida no es «algún día» tu vida es el hoy… Y es que el problema no es una camisa, que solo guardara polvo en el fondo de tu ropero. O el pantalon que probablemente se termine apolillando. El problema es nuestra costumbre de esperar el mañana para todo, el problema son los sueños que guardamos porque nos convencemos que no es el tiempo adecuado de vivirlos, y entonces no trabajamos ni nos esforzamos en verlos cumplidos. No creemos ni queremos creer en ellos, tal vez porque tenemos miedo de lo que pasaría si no se cumplieran. Sin entender que los únicos que detenemos nuestros sueños, nuestros más profundos anhelos, nuestras más grandes expectativas ¡somos nosotros mismos! Que a veces inconscientemente nos ponemos el pie a proposito para tropezarnos y así culpar una vez más a las circunstancias de nuestras frustraciones.

En todos estos meses me he preguntado constantemente, ¿Por qué somos tan aferrados a las cosas? Y peor aún, ¡a las cosas que no nos sirven ya! Cosas cuyo tiempo en nuestra vida ya pasó… La respuesta creo tenerla, y es que vivimos esperando siempre el futuro. Un futuro donde tengamos las condiciones que tanto anhelamos. Un futuro donde por fin vivamos en ese lugar que tanto soñamos, donde ya no tengamos deudas que pagar. Un futuro donde ya no tengamos hijos que mantener, donde hayamos ahorrado tanto que ya por fin podamos disfrutar de la vida en plenitud.

«¿A que le tiras cuando sueñas mexicano?»

Un día, dentro de todo este año de meditación, crecimiento y reflexiones profundas, me di cuenta que no tenia caso acumular tantas cosas en dos maletas, esperando siempre un mañana donde utilizarlas. Así que me decidí a abrirlas y vaciarlas de una buena vez. Deshaciéndome de cosas que solo estaba acumulando en mi armario… sentí que era una representación de como estaba enseñándome a deshacerme de cosas de mi corazón que tampoco necesitaba más.

Lo hice decidido a disfrutar el día de hoy. Porque la verdad de las cosas es que vivimos pensando en el hubiera, en lo que no tenemos, en lo que no hicimos, comparándonos con la vida de las demás personas. Recordando realidades pasadas que fueron y que probablemente no vuelvan a ser. Y a la par, castigamos lo que si tenemos, lo que si hemos hecho, lo que estamos haciendo, la realidad que vivimos hoy y que mañana ya no tendremos. Desperdiciamos el lienzo blanco que la vida nos regala con cada nuevo amanecer.

Hoy estoy escribiendo esto desde el aeropuerto, a punto de emprender una aventura más en toda esta colección de experiencias, vivencias y retos que entre Dios y yo estamos construyendo. Cerrando un año que me lleno de experiencias, de retos, de sueños cumplidos, de tristezas y melancolías, pero también de alegrías, de amor y de amistades entrañables. Pero sobre todo, un año que me enseñó a creer aún más y que maduró mi fe de una manera distinta. Abriendo a la par un nuevo año que por principio esta lleno de expectativa y de ganas de crecer, de esperar siempre más, de creer más, de amar más, de perdonar más, de soñar más, DE VIVIR MÁS.

Y mientras espero mi avión con un destino inesperado, me repito viendo la pulsera que ahora uso en la muñeca derecha: “Hoy es el mañana del ayer; El futuro es hoy»

Hoy es el día para amar,

Hoy es el día para cambiar,

Hoy es el día para vivir tus sueños,

Hoy es el día para valorar a tu familia,

Hoy es el día para agradecer que tienes vida,

Este es el día que hizo el Señor, ¡Gocémonos y alegrémonos en él!

También soy tuyo,

Alexander L.

 

 

Deja un comentario