«Tomen su pluma y hagan una linea del tiempo con metas, ¿Cómo se ven en 15 años? ¿Qué planean estudiar? ¿Dónde van a estar? ¿Cómo se visualizan físicamente? Lo traen la siguiente semana, si desean pueden incluir imágenes o recortes…»
Una tarea tan sencilla para alguien de 11 años, decidida a conquistar el mundo. Qué fácil fue escribir la edad a la que terminaría la educación media superior, quizás no estaba tan segura de que profesión iba a elegir, pero tenia la certeza de que a los veintitantos seguro ya habría conocido a mi compañero de vida.
Sin embargo, el panorama pintó mucho mejor de lo que humildemente proyecté. Realicé los viajes que no imaginé, encontré a los más divertidos amigos que no esperaba tener, me compré cuanta cosa material se me antojó y conseguí un trabajo que nunca esperé. Todo eso sin planearlo, sin cumplir con una tarea de escuela…
¡Que jodida tarea que a muchos 0 la mayoría nos toco hacer! ¿A qué edad te obligaste a terminar la universidad? ¿Con qué promedio te programaste titular? ¿Qué trabajo te exigiste obtener? ¿A qué edad planeaste tener hijos? Nos obligaron a programarnos sobre números, fechas, tiempos, y nos empujamos a cumplirlos bajo el estricto sentido de la palabra. Orillándonos a la frustración y la melancolía, por cada día que no cumplimos, cada día que fallamos nuevamente en esa meta, en esa fecha, en ese proyecto exacto.
Me siento con una pequeña etiqueta de caducidad invisible en mi espalda que pesa más que la piedra del Pipila. ¡Qué difícil es cuando te programaste para una fecha y eres testigo de aquellos que sí lo están viviendo! Tratas de convencerte que no te importa, para más tarde «y sin querer», reproducir esa canción deprimente, a la que culpas de derramar las primeras lagrimas que terminarán con media caja de kleenex… No quiero seguir con el constante martirio, de ver avanzar cada pagina del calendario, cada foto de redes sociales que muestran aquello que tanto anhelo y que por más que programe y trabaje en tenerlo, es fecha que aún no lo consigo. Quiero ser libre de tiempos, quiero ser libre de mi propio juicio, que tanto pesa…
Bien lo decía Alexander en su texto «Cicatrices en el corazón«, no le abras la puerta al pasado, no tiene nada nuevo que contarte. Ni siquiera esa tarea absurda que recuerdo cada día después de 15 años de haberla hecho. Y a pesar de que aún no logro comprenderlo, se que todo funciona según nuestro reloj. Cada quien vive a su propio ritmo, puede que nuestros amigos estén más adelante o más atrás, sin embargo cada quien esta en su momento. No estás tarde, no estás temprano, estás en tu tiempo, donde deberías estar, ni antes ni después, estas aquí y ahora, viviendo incluso lo que no programaste ayer. Porque la vida es eso, aprender a ser paciente y fuerte, aprender sobre todo a creer en nosotros mismos…
Algún día va a llegar… ¿Y si no llega? Simplemente no sabrás lo que perdiste, pues nunca fuiste dueño de algo que jamás tuvo lugar en tu vida. Dejemos de esperar vivir situaciones que solo planteamos en nuestra cabeza, pero sobre todo ¡dejemos que la vida nos sorprenda.!
¡Hasta la próxima!
Nancy G.
