A donde no volver…

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A veces uno no sabe a donde ir, pero sabe a donde no volver.

Hoy me encontré esa frase anotada entre muchas otras que siempre olvido entre las notas de mi teléfono, «listas para meditarlas y escribir».  La encontré mientras curiosamente buscaba un poema que hace mucho escribí también. ¿Te ha pasado que algo te llega en el momento justo en el que tenía que llegar a ti? Puede ser una persona, un regalo, un billete de esos que olvidamos en alguna chamarra, y en otros casos, como en este, una nota para ti mismo.

Tal vez el universo sí conspira a nuestro favor cuando decidimos empezar a hacer algo, cualquier cosa, distinta a lo que hemos venido haciendo los últimos meses o años. Y así lo siento por encontrar esta nota. Hace poco publiqué el primer escrito de este año, «Comenzar de nuevo» donde hablo precisamente de lo difícil que es empezar de nuevo cuando llevas a cuestas hábitos, cosas, o hasta personas de las que no te quieres separar. Pues creo que esta es parte de la continuación y era necesario para mí leerlo.

En ocasiones en verdad estamos tan perdidos que no sabemos hacia donde queremos ir, qué futuro anhelamos, cuales son nuestros sueños, o incluso qué tipo de relaciones esperamos. Pero creo que el primer paso para acercarnos a tales decisiones, es tener bien claro a donde NO queremos volver. De esta manera puedes ir descartando cuál de todas las puertas que se presentan ante ti, definitivamente NO conduce a lo que te llena como persona. ¡Que difícil decisión! El aceptar que no sabes hacia donde ir. Pero que alivio se siente cuando afrontas tu pasado y le dices claramente que aunque agradeces todo lo que fue para ti, no quieres volver a él.

Podemos guardar muchos sentimientos hacia los que fueron nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros colegas y hasta nuestro trabajo.  Pero si en un momento determinado de tu vida tuviste la claridad para saber que algo no era para ti, es momento que recuerdes esa claridad. Es momento de que admitas que aún no sabes a donde o con quién vas, pero que estas seguro a donde no quieres volver. Atrévete a enviar todo el amor que tienes hacia el recuerdo de quien fuiste y de quien te acompaño en los viajes de tu pasado. Y a extender tus manos, tu esperanza, tu fe, y tu amor hacia las cosas y personas que vendrán más adelante en tu camino.

«A veces debes olvidar lo que sientes, y recordar lo que mereces»

También soy tuyo,

A.L.

 

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