Renunciando a un sueño…

«Pero antes de tomar una decisión me pregunto frente al espejo:

“¿Y una vez que renuncies?”

principito

     ¡Hola! De nuevo por aquí, es inicio de semana y como intento hacerme el propósito de subir una nueva entrada cada lunes (ok ya es martes… bueno, miércoles) y promoverla durante la semana, pues heme aquí.

     Hace unos meses, que tengo un ímpetu diferente por vivir. Aunque suene tonto, o cursi, o absurdo dependiendo el lector, el hecho de que en mi próximo pastel se asome el numero 26 me tiene un tanto frustrado. (y yo que creí haberme frustrado cuando cumplí 20)

     Supongo que es la edad en la que no estas ni tan allá, ni tan acá. Todos te dicen que estas en tu plena juventud, y puede ser cierto, pero aunque quisieras ya no tienes 21. Y tampoco tienes 30 para ya resignarte de una vez. Ni muy muy, ni tan tan. Y debe ser común a esta edad, pues no puede ser casualidad que muchos amigos anden en las mismas calles de la amargura que yo en estos tiempos.

     Hay algo que por sobre todas las cosas me asusta de mi edad, y es que aunque sé que nunca es tarde para nada, tampoco me hago más joven con los días, y cada granito de arena llena una botella de experiencias, recuerdos, sueños y metas. Algunas cumplidas, algunas frustradas, y algunas al parecer, eternamente postergadas.

     Ahora si que o frío, o caliente: todas las cumplidas te dan un aliento de alegría, suspiros de satisfacción. Y las frustradas de alguna manera las asimilas, cuando te hagas a la idea de que están perdidas en su totalidad. Pero las ultimas… esas si “se cuecen aparte”. Las eternamente postergadas no están frustradas precisamente, pero puede ser esto lo que más nos afecte. Ese pequeño rayo de esperanza de “algún día” nos obliga a prolongar el dolor sin al parecer tener un fin próximo.

¿Has renunciado a un sueño?

     Si me conoces, o no, debes saber que algo que me caracteriza, es el canto; vivo cantando. Y hace poco alguien me pregunto que cuando y como empecé a cantar. Fue algo gracioso pero verdadero lo que contesté: “una vez una maestra de canto en primaria descubrió mi talento, y me invito a formar parte del coro del colegio… a las pocas semanas ya era solista”

     De ahí pase al grupo de la secundaria y de la preparatoria, concurse en diferentes festivales de canto y forme parte del grupo en la universidad. El canto simplemente me resultaba liberador. Cantaba día y noche, todo el tiempo, lo que fuera a viva voz, sin miramientos, viera quien viera, escuchara quien escuchara. Por la calle, frente a mi familia, frente a mis amigos.

     Pero poco a poco fui dejando que todo ocupara un lugar más importante que el canto en mi vida. Empecé a desprenderme de tantas cosas que amaba, que entre ellas se fue este placer del alma mía. Aunque lo pensé mucho, decidí no estudiar música porque “de que vive un músico?” Pensé que tenia que ayudar en mi casa, y la música no me serviría para eso.

     Los años pasaron y poco a poco fui rezagando el canto un poco más. Dejándolo solo para la afición de los karaokes de vez en vez, para cantar en mi carro, siempre que estuviera solo. No volví a cantar en la casa por años. No frente a alguien.

     Asi que con este nuevo ímpetu del que te hablo, en estas semanas o meses últimos y pensando en las cosas que he amado y abandonado. Decidí dedicarle un tiempo al canto. He buscado pertenecer a algún grupo, cosa a la que jamás me atreví años atrás. He intentado enviar audiciones vía Internet, presentarme en algunas presenciales.

     Pero de pronto, algo sucede, intento retomar un don que abandone hace años, o que más que abandonar, olvidé, y claro, no ejercité ¿Has sentido como tu rendimiento no es el mismo cuando después de meses de ausentarte al gimnasio regresas sin más ni más? ¿Y no entiendes cómo pasó? ¿Sabes lo que pasa con un don/talento que no se usa? ¡Se pierde! (es literalmente bíblico) Y me resulta más difícil de lo que imagine el asimilar esta verdad. Resulta frustrante recordar lo que podías hacer y que por alguna razón no puedes más.

     Después de intentar e intentar, llega a mi mente la opción más “fácil”. Claro, abandonarlo, es lo más sencillo. Total, después de todos estos años de tener uno de mis sueños postergados guardado en el último cajón del closet., “tal vez ya lo daba por perdido” ¿Qué más da? Así, si renuncio a el, al menos podría dejar de frustrarme, porque después de todo, si no lo disfrutas, no lo estás haciendo por amor, ¿cierto? Así que si, renunciar ahora es mejor que esta sensación de impotencia.

      Hace unos días meditaba una frase en mi mente. “Dios perdona. Las consecuencias de nuestros actos no” ¿Estamos dispuestos a pagar la consecuencia de vivir con un sueño abandonado?

     Últimamente he recordado a un compañero de la preparatoria, que hoy en día es un Reconocido, talentoso y famoso actor internacional. Si, el mismo chavo despistado con el que conviví por años en el salón de la prepa, hoy se codea con grandes artistas, en grandes cadenas televisivas y es requerido para atender importantes galas y eventos.

     Y a su vez esta mi señor padre, que es una gran inspiración para mi. Es medico de profesión y de vocación, pero sobre todo de corazón. Y es mi inspiración porque el jura que desde que tenia 6 años el anhelaba serlo. Y aunque por “tradición familiar” sus tres hermanos mayores trabajaron en la misma empresa que mi abuelo. Mi padre decidió convertir su sueño realidad y contra tiempo, recursos, personas, y hasta prejuicios logro ser lo que quiso siempre. Muchas son las veces que lo he escuchado gritar al mundo que el no pudo nacer para ser otra cosa. 

     Y entonces estoy yo… más perdido que nunca, pero más dispuesto también a hacer lo que amo. Si me leíste en “Por fin viernes” sabrás que eso de ser Godínez no es lo mío. Y que si no vives para lo que amas “por muy grande que llegue el cheque, nunca veras en él las horas de vida perdidas”

     ¿Entonces que hace la diferencia entre un sueño y la realidad? ¿Realmente querer es poder? ¿Es que acaso tienes que escuchar a todos cuando hablan de tu sueño? ¿Es que acaso debes escucharte solo a ti? ¿Hasta donde importa un consejo? ¿Y tu familia?¿Y si mi éxito esta en Miami y mi familia no quiere que me mude? ¿Que necesitó Van Gogh para inspirarse? ¿Beethoven fue la persona más dotada desde nacimiento? ¿Acaso alguien creyó en la obra de Picasso al principio?

     Hasta donde tengo entendido cada quien rendirá cuentas por su propia vida. Y excusas como “es que mis papas” “es que mi familia”, “es que el lugar donde nací” no justificaran que no hayas seguido tus sueños. No justificaran si no hiciste en la vida aquello que te hiciera plenamente feliz. Aquello que llena tu alma más que cualquier otra cosa… Aquello para lo que el mundo te necesita.

¿Has renunciado a un sueño? ¿Lo dejaste por ti? ¿Por alguien más?

     ¿Tú que estás haciendo con tu vida? ¿Estas usando tus dones? ¿Estas usando tus talentos? ¿Estas siguiendo TUS sueños? ¿O los sigues postergando en el último cajón del closet?

 ¿Realmente estas dispuesto a renunciar a tu sueño?

Alexander L.

3 Respuestas a “Renunciando a un sueño…

  1. Pingback: Lo que vale… ¡Cuesta! (Alcanzando un sueño) | También soy tuyo·

  2. Todos Llegamos a ese punto en alguna parte de nuestras vidas yo creo, como tmb creo que llegamos al punto de hacer lo que realmente vale la pena y te da la felicidad ya que la vida es eso una constante búsqueda de ella! Suerte!

    Me gusta

  3. Pingback: También soy tuyo·

Deja un comentario