El valor de una Rosa…

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¡Hola gente!, ya es miércoles, y como cada semana heme aquí con un nuevo artículo, y un tema, que ronda mi cabeza.

Verán, ya estaba yo editando el que sería el tema de esta semana… pero hace apenas unas horas tuve una conversación con alguien con quien no hablaba hace unos 7 años… y hablando de un tema en específico… decidí cambiar todo de último minuto.

¿Has leído la obra “El principito” (“Le Petit Prince”)? Yo la he leído apenas dos veces en mi vida. La primera fue también hace siete años, cuando esta persona con la que hable hoy, me platicó que era su libro favorito. Y yo, en aquel entonces un ávido lector; decidí aventurarme en él para entender el porqué de tal fascinación por “un libro infantil”. El libro me gustó, pero reconocí, sin saber hasta qué punto, que no había sido el tiempo correcto para leerlo.

Los años pasaron, y no volví a leerlo, ni a conversar con la persona por quien lo habia leído… Pero hace unos días, “el principito” se atravesó en mi camino de nuevo, y decidí que leerlo, sería una buena idea. Sinceramente no recordaba a detalle la obra, pero quería saber si “ahora si era tiempo de leerla”. Recordando, por obvias razones a la persona cuyas conversaciones me habían intrigado a tal punto de hacerlo en primer lugar… Que revelación; he de reconocer que en esta ocasión, derrame algunas lágrimas.

Fue tal mi admiración por un texto tan célebre, y tan lleno de sabiduría… de reflexión, y de empatía hacia el lector adecuado. Que saqué todo un archivo en Word con citas, frases, y textos completos del libro que me hicieron reflexionar mil y un cosas de una “vida de adulto” a la que el mundo y las personas a mí alrededor se empeñan en meterme.

Pues bien, para aterrizar la idea, entre los muchos contextos que toca el libro, se habla de una rosa. Aunque al principio no se sabe que es una rosa, solo se sabe que es una flor. Una flor que aunque muy hermosa, es vanidosa, quisquillosa y orgullosa por demás. Una flor a la que “el principito” se acostumbra a cuidar, a regar y a proteger; a petición y demanda de ésta, claro está. Pero llega un punto en la historia, en el que el principito, en la búsqueda de algo personal decide abandonarla y “zarpar” en busca de su propia felicidad.

Es después de muchas circunstancias, cuando conoce a más flores “como la suya”, y sabe que su flor es una rosa, y que además no es única; que como ella, hay miles. Su flor no era especial después de todo, o al menos es su primer pensamiento… Pero al cabo de un tiempo, él logra comprender qué es lo que hace tan especial y diferente a su flor. Él la cuido desde que salió como un pequeño brote de una semilla. Él cuido cuando asomaron sus primeras hojas, y cuando felizmente abrió su capullo en el esplendor de un amanecer. Cuido de ella en las noches al protegerla del frio y en el día al cuidarla del viento y plagas que pudieran dañarla.

 Fue entonces cuando al recordar la relación que él había establecido con su rosa, supo, al parecer muy tarde, que para él, era ella la flor más especial en ese mundo y en todos…

“Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes.- Dijo el principito a las rosas- Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque en fin, es mi rosa”

 El texto original de esta semana, hablaba sobre aprender a ser tajantes cuando queremos dejar algo. Relaciones destructivas, vicios, hábitos, malas costumbres. Pero quise de último minuto hablar en su lugar de las rosas. Y por rosas me refiero a las personas que nos rodean, y que nos piden cariño, como la rosa pedía la atención del principito… como pedía su amor. Para hablar de las personas a las que cuidamos y queremos, pero muchas veces abandonamos por fijarnos más en sus espinas que en su fragancia, por poner nuestra mira en otros mundos y no voltear al nuestro.

Cuando recién nos enamoramos de alguien, incluso desde que lo(a) conocemos. Lo primero que nos llama la atención es su hermosura (belleza, carácter, ademanes, lenguaje, pensamientos). Pero a veces, aún con todo el amor que les podamos tener, cuando empezamos a pensar más en nosotros mismos, buscamos horizontes nuevos, y dejamos de admirar la belleza de nuestras rosas. Por algún momento, esas personas que nos piden amor, se vuelven aquellos a quienes menos queremos darles amor. Llega un momento en el que nuestro egoísmo no nos deja entender lo especial del tesoro que tenemos en nuestras manos. Porque “el pasto siempre es más verde del otro lado de la cerca”

Y podemos ir, recorrer nuevos mundos, y darnos cuenta que gente hay, y mucha; así como rosas hay más en el mundo. Encontrarnos con muchas experiencias, algunas divertidas tal vez. Pero después de un tiempo, entendemos que nadie, jamás tendrá lo que tiene alguien con quien formamos una relacion con amor o cariño. Ninguna rosa será como la rosa que nos espera en nuestro jardín. Esa rosa a la que le dedicamos tanto esfuerzo, cariño y dedicación desde que brotó de una semilla. Y es entonces, cuando a varios planetas de distancia, volteamos a las estrellas, buscando el nuestro, y pensando que ahí… en ese punto remoto, hay alguien especial, a quien probablemente jamás debimos dejar.

Quisiera en verdad contarte todo éste libro, quisiera que entendieras a lo que tuvo que llegar el principito para comprender que había dejado lo que más quería, su planeta, sus tareas y a su flor. Y lo que en todo caso sufrió la flor en la ausencia de su amigo y protector, la única amiga que había tenido el principito, quien lo único que buscaba era cariño y comprensión… todo, por buscar algo que siempre tuvo… amor.

Como he mencionado en “Buscando una aguja en un pajar” a veces, buscamos lo correcto en el lugar equivocado… A veces, queremos meter un amor cuadrado en nuestro corazón redondo, pero…

¿Cuándo le daremos el valor a nuestras rosas? ¿Cuándo entenderemos que amar a alguien es servirle? Y que traicionar a quien amamos es traicionarnos a nosotros mismos… ¿Cuando dejaremos de buscar rosas sin espinas? ¿De buscar nuevas fragancias? Sin entender que están vacías, sin entender que nuestra vida la hemos depositado en otro jardín, por el cual sí daríamos la vida. Aquello que más buscamos, anhelamos y deseamos… no lo podemos tocar, no lo podemos medir, no lo podemos comparar. Esta en el corazón… es cuestion de creer. 

“He aquí mi secreto, -dijo el zorro- que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”

¡Gracias por leer!

 

También tuyo. 

Alexander L.

Una respuesta a “El valor de una Rosa…

  1. Felicidades por tu blog! Yo soy bien “fans” de tus escritos, pero esta entrada en particular por alguna extraña razón me hizo sentir la necesidad de dejar un comentario. Tu interpretación nos deja una gran enseñanza y realmente nos invita a la reflexión.

    En defensa de El Principito me gustaría sugerir lo siguiente:
    Podríamos decir que el chamaco este había tenido una vida algo solitaria en su planeta. Y así de la nada llego una semilla y creció la dichosa flor. El principito maravillado por su hermosura no sabía exactamente qué hacer con ella ni como hablarle, o en otras palabras, no tenía la menor idea de como “cultivar” una relación con la quisquillosa flor. El principito era relativamente feliz antes de conocer a la flor, sin embargo, fue hasta que esta llegó que experimentó sentimientos reales con los que no había tenido que lidiar anteriormente. No creo que su «huida» haya sido en búsqueda del amor, sino que no sabia que hacer con el que ya tenia.

    Pero lo interesante es que de no haberse embarcado en su viaje, nunca habría aprendido que una relación personal es tan delicada, hermosa y difícil como una planta que debe ser cuidada y cultivada. No se habría topado con el zorro que le enseñó el arduo trabajo y la paciencia que las relaciones requieren y que son estas las que dan sentido y significado a nuestra existencia. El final de la historia es un gran misterio, pero nos deja con la esperanza de que el Principito haya podido regresar a su planeta y a su flor.

    Espero que otros lectores se animen a comentar también, porque la mejor forma de encontrar el valor de lo que escribimos es por medio de la retroalimentación y del conocimiento de que tus palabras han tocado el corazón de alguien mas.

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