Matices Grises

calm-and-storm

“Siempre habrá un poco de bondad en la persona más mala, y un poco de maldad en la persona más buena. Las personas no se dividen en blanco o negro, todos estamos llenos de matices grises…”

-Alexander L.

Hace unos días platicaba con una amiga sobre como en el ultimo año ha cambiado mucho mi manera de pensar, de actuar y de creer. Y entre las muchas cosas que le platicaba, le dije que este año me había hecho entender aun más el hecho de que las personas estamos llenas de errores. Llenas de equivocaciones y fallas que a veces consciente o inconscientemente seguimos repitiendo. Y como el saber reconocer mis fallas me había hecho entender que todos tenemos un tiempo preciso para arrepentirnos y decidir cambiar nuestro rumbo, independientemente del tiempo que ello nos tome.

El hecho de sabernos humanos y entender que no somos perfectos, nos debería ayudar no solo a perdonar a las personas que se han equivocado en sus caminos y que tal vez nos han lastimado algunas vez. Sino a aceptarlos, amarlos y a tolerarlos mientras entienden (si es que tienen que hacerlo) que caminan en un error, sea porque un día reciban una iluminación divina que se los muestre o porque de plano el error pase su factura trayendo consecuencias difíciles a su vida y a la vida de quienes los rodean. El problema es que la mayoría de las personas batallamos en entender que el hecho de que la gente no se equivoque de la misma manera que nosotros, no significa que ellos se equivoquen “peor” que nosotros. Solo nos muestra que nadie es “blanco” en su totalidad.

Pero a lo que me quiero centrar con este texto es a la otra de las dificultades con las que más nos enfrentamos como personas, y es que cuando nosotros decidimos cambiar, a veces empezamos a ver que como nosotros ya pasamos de “nuestros errores” a “nuestro camino correcto”, todos los que no cruzaron con nosotros ahora son del equipo contrario. Llevamos tanta inercia por tantos años de caminar con la misma ruta y actitud, que pasamos a ser como una pelota de tenis, que de estar de un lado de la cancha, de repente somos lanzados con fuerza hacia el otro lado de la misma. Y el juego no se detiene todavía, pues podemos regresar al otro extremo de nuevo y así sucesivamente. Hasta que con mucha suerte lográramos llegar a un punto medio, donde no seamos ni muy muy, ni tan tan.

A veces cometemos el error de pensar que la gente solo se cataloga en buena, o mala. Seguro has escuchado esta frase que dice “es un pan de Dios” o alguna otra que dice «es más malo que la carne de puerco»

Mira, si utilizo un ejemplo personal; mi papá pareciera ser una eminencia y toda una celebridad cuando de Médicos se trata. Siempre que me toca estar en algún evento donde mucha gente lo conoce no hay persona que al saludarme no haga halagos en demasía sobre su persona. “Es un gran ser humano” es el que más se repite, y el que más recuerdo… seguido de “es un gran maestro de medicina y de vida”

Yo, que crecí educado para brillar en sociedad como dirían por ahí. A todos les sonrío y les agradezco cordialmente sus cumplidos. Y después para mis adentros muchas veces me pregunto a mi mismo “¿De quién hablan? Porque esa persona que tanto halagan yo ni la conozco”

Y es que el convivir con una persona en sus buenas y en sus malas, te hace ver no solo una, sino ambas caras de la moneda de su vida. En el día a día, a mi no solamente me toca ver al «gran ser humano» que todos mencionan. A mi me toca ver también al señor que en ocasiones se frustra cuando el dinero falta en la casa y no tolera ni que le hablen de algún gasto por hacer. Me toca convivir con el hijo de mi abuelo, que se entristece y se aísla de su familia si su padre enferma de gravedad. Me toca ver al esposo que en ocasiones apenas y tolera a su mujer y no le dirige la palabra por días sabrá Dios porque. Me toca ver al padre que grita cuando la desobediencia de un hijo ya fue suficiente. O que se desquita de todos en la casa cuando las cosas en el trabajo no van como mejor le parecen. Simplemente al hombre imperfecto que nació y morirá siendo.

Y entonces repito; somos como pelotas de tenis que van desde “es un gran ser humano” hasta “es el peor padre del mundo”

Pero entonces ¿Cuál es la correcta?

Tal vez ninguna…

Desde que tengo uso de razón a mi jamás me ha gustado decir que “tengo al mejor papá  o a la mejor mamá del mundo” siempre he creído que es una frase poco más que estúpida. ¿Quién determina que tenemos al mejor papá o a la mejor mamá del mundo entero? Al menos yo sé que no los tengo…

Mi padre y mi madre son las personas más imperfectas que haya sobre la tierra… después de sus tres hijos.

Pero sus imperfecciones no son motivo para que los ame en menor manera, para que los juzgue con más crueldad, o para que les recrimine sus errores solo por hacerlo. Y es entonces con ellos, con mis amigos, y conmigo mismo, cuando caigo en cuenta que las personas no nos dividimos solamente en blanco o negro. Las personas estamos llenos de matices grises. Matices que se contrastan entre nuestros buenos días y los peores, nuestras fidelidades y nuestras infidelidades, nuestra estabilidad económica y nuestra banca rota, nuestra salud y nuestra enfermedad, nuestra justicia y nuestra injusticia… Entre nuestra perfección como hijos de Dios, y nuestra imperfección como seres humanos.

Señoras y señores, todos somos vasos rotos, que intentamos poco a poco, todos los días, y con la ayuda de Dios, ¡ser mejores versiones de nosotros mismos!

“La gente pone un empeño febril en aparentar normalidad, cuando de sobra se sabe que estamos todos lesionados…”

También soy tuyo,

Alexander L.

Una respuesta a “Matices Grises

  1. Es necesario ver la realidad y no vivir de apariencias, uno se deja llevar por lo q ve y no por las vivencias. Y entonces como actuamos cuando esto ya nos afecta, también nos convertimos en gris o seguimos siendo los tontos q no protestan..

    Me gusta

Deja un comentario