Comenzar de nuevo

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¿Han sentido que lo que tienen lo atesoran como lo más valioso en sus vidas?

Me refiero tanto a las cosas materiales que con esfuerzo conseguimos, como al carácter que a través de los años forjamos en nuestra vida, y a las personas que nos rodean y nos acompañan día con día.

Hace poco más de un año compartí acerca de empezar a vivir el hoy y de aprender a deshacernos de las cosas que no utilizamos en nuestra vida. Pues al parecer en todo este año he seguido aprendiendo del proceso, que según parece no tiene meta y más bien se trata de seguirlo por el resto de nuestras vidas.

En este año que me he alejado de escribir y compartir con ustedes lo que cruza por mi mente, he vivido cosas interesantemente estresantes, frustrantes y muy emocionales, pero sobre todo cosas que me han enseñado más sobre mi vida misma.

Muchas veces vamos por ahí pensando que los amigos que tenemos hoy, son los amigos que tendremos toda la vida, solo por el hecho de que los llamamos mejores amigos, porque los queremos, porque hacemos todo juntos… Es interesante porque las amistades que duran «toda la vida» son mucho muy especiales, y decirlo así, por ende indica que la mayoría no lo serán… no durarán toda la vida. Hay quien asegura que quien ha tenido un amigo por más de 5 años lo conservará para siempre. Que los amigos que forjamos en la preparatoria o en la universidad se van, otros dicen que son los que se quedan; solo puedo decir algo. Nada esta escrito.

Soy la prueba misma de ello, hace poco decidí que mi amistad con alguien debía terminar por mi propia salud emocional. A pesar de pisar casi los 10 años de una de las amistades más fuertes y hermosas que he tenido en mi vida. Decidí que el lugar en el que ambos nos encontramos actualmente no era el mismo, ni siquiera era compatible. Y creanme si algo no quiero en mi vida es seguir viviendo solo para agradarle a las demás personas. Por más que mis patrones codependientes me orillen a eso.

El punto es que estamos tan asustados de terminar relaciones que ya no dejan nada productivo a nuestra vida. Que prolongamos cada vez más el iniciar de nuevo. Tenemos miedo a conocer gente nueva, o hasta enamorarnos otra vez. (¡Díganmelo a mi!)

«¿Y qué pasa si mi ex era el indicado?»

«¿Y qué pasa si pierdo mi amistad de 9 años con cierta persona?»

«¿Y qué pasa si me quedo sin el automóvil que pagué con años de esfuerzo y que me ha acompañado otros más en mis locas aventuras?»

«¿Y qué pasa si no permanezco con el papá de mi hijo?»

«¿Y qué pasa si me mudo de la casa en la que crecí?»

Una vez más estoy convencido de el mayor miedo de las personas es lo desconocido, es la incertidumbre a errar en nuestras decisiones. Es la puerta cerrada porque no sabemos lo que hay detrás. Tenemos miedo a quedarnos sin auto porque no recordamos lo que es vivir sin uno. Tenemos miedo a terminar amistades porque tenemos miedo a quedarnos solos. Tenemos miedo a terminar con nuestras parejas porque tenemos miedo a no volver a sentir lo mismo con nadie más. Tenemos miedo a mudarnos de ciudad porque tenemos miedo a empezar de cero.

En este punto desgraciadamente nos encontramos en la disyuntiva de estancarnos en la manera en la que vivimos, o incluso, de perecer ante las circunstancias que no nos hacen bien, que no nos hacen crecer…

Hoy es cuando entiendo en carne propia que es mejor vivir solo que mal acompañado. Porque estar solos aunque sea por un momento, nos permite descubrir quienes somos, qué queremos y hacia donde ir. Cuando tenemos tanto miedo de soltar a nuestra pareja aunque no sea lo mejor para nosotros jamás encontraremos a quien sí lo sea. Cuando tenemos miedo a terminar amistades que ya no encajan en nuestra vida, jamás formaremos nuevos lazos que sí lo hagan. Cuando tenemos miedo de la vida, jamás empezaremos a vivir.

Si las aves tuvieran miedo a saltar del nido, jamás descubrirían la magnitud del viento en sus alas.

También soy tuyo,

A.L.

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